FÚTBOL EN FAMILIA
En el equipo íntimo los domingos han vuelto a ser familiares. Como manda la costumbre, la tarde deportiva incluye a padre e hijo. Cerca de las 8 de la noche, Alianza festeja la unión del técnico Richard y el futbolista Ricardo David. En el país en que la familia ya no va al fútbol por la violencia, un hijo se abraza con su padre para felicidad de la tribuna. Por los Páez, esa familia ausente ha prometido volver.
El zurdazo de Ricardo David Páez en el Nacional de Lima fue el derechazo perfecto de Julio Edson Uribe en el Garcilaso del Cusco. Podríamos discutir acerca del valor de sus goles --que en ambos fueron golazos-- porque el aliancista le anotó a uno de los últimos de la tabla y el rojo agravó la crisis del campeón del Apertura con ese tiro libre; pero ese no es el tema. Esta esquina --y este domingo-- sirve para elogiar a este par de talentosos volantes que tienen que jugar bajo la sombra de sus viejos. Que estos goles los entusiasmen y así ellos adecenten --embelleciéndolo-- este fútbol nuestro de cada día. Que ya no sean los hijitos de papá. Que aprendan a ser sus herederos.
Las actuaciones de Páez y Uribe junior abren el archivo. Desde Christian Cubillas, el hijo del inolvidable Teófilo, que llegó a Alianza en el 99 y nadie supo cuándo se fue, pasando por los Zegarra, los Chumpitaz, los Lobatón y los Sotil, el fútbol peruano ha consagrado a papás de categoría sobre retoños marchitos. La historia en el fútbol casero necesita cambiar la historia. En esas están los Bazalar y los Navarro. Y en esas también los Páez y los Uribe.