Edición impresa

  • Imprimir página
  • E-mail
  • Aumentar texto
  • Disminuir texto
  • Favoritos
  • Mr. Wong
  • Delicious
  • Menéame
  • Google
  • Facebook

UNA REVISIÓN DE SUS NUEVOS DERECHOS

Las oportunidades de nuestros jóvenes

Por Virgilio Levaggi. Analista

Desde el 2000, la comunidad internacional dedica el 12 de agosto a reflexionar sobre la situación y perspectivas de mujeres y hombres entre 15 y 24 años.

En los Objetivos del Milenio los Estados miembros de las Naciones Unidas aprobaron la meta 16 que señala, para el 2015: "En cooperación con los países en desarrollo, elaborar y aplicar estrategias que proporcionen a los jóvenes un trabajo digno y productivo".

La cuestión juvenil está íntimamente vinculada con la promoción de más y mejores trabajos; más aun la relación entre juventud y desarrollo, que es el tema de la próxima reunión de jefes de Estado y de Gobierno iberoamericanos (fines de octubre), está necesariamente unida a la promoción del trabajo decente y su impacto en la afirmación de la democracia socioeconómica y política.

La Convención Iberoamericana de los derechos de los Jóvenes, ratificada por siete estados y vigente desde el 1 de marzo de este año, le da a lo laboral un lugar central. En ella se recogen los derechos al trabajo y a las condiciones adecuadas en que debe ser realizado, así como los referidos a la protección social y la formación profesional.

En América Latina, el siglo pasado, en las décadas de los 60 y 70 el paradigma de la juventud fueron los jóvenes estudiantes de clase media probablemente luchando contra una dictadura en la calle de alguna ciudad y en los 80 y 90 lo fueron los jóvenes en riesgo, a raíz de la década perdida.

Los jóvenes de hoy nacieron en dicha década y, por tanto, muchos vieron a sus padres perder trabajos o aceptar tareas precarias. Ellos no han sufrido dictaduras y son la juventud más educada que ha habido en la región; lo que no se refleja necesariamente a la hora de cobrar salarios. Están conectados con las tecnologías de la información por tanto los nuevos modos de producción les son familiares.

El paradigma de la juventud del nuevo milenio es el de jóvenes ávidos de estar conectados, es decir deseosos de participar en la economía, en la vida social y política de sus respectivas comunidades. Jóvenes antes que juventud; jóvenes con vocación de integración antes que resignados a la marginación; jóvenes sin temor a los nuevos tiempos.

En América Latina hoy, que tendrá el mayor número de jóvenes de su historia en el 2015, lo más importante es la consolidación de una institucionalidad democrática. Además durante los últimos seis años las economías han crecido y ello es condición, aunque insuficiente, para combatir la pobreza y alentar la generación de trabajo decente y productivo. Sin embargo, la plena democratización del bienestar está pendiente en nuestras sociedades.

La promoción de los derechos humanos cívicos y políticos ha sido crucial para la difusión de la democracia en el siglo XX. En América Latina, en el presente siglo, la promoción de los derechos humanos socioeconómicos y culturales será lo que permitirá avanzar hacia democracias más plenas y hacia la consolidación de un desarrollo inclusivo. Actuar a favor del trabajo decente es funcional a ello.

En la promoción de dichos derechos y de dicho tipo de trabajo la juventud tiene un papel importante; pero que no lo cumplirá si no tenemos políticas públicas y asumimos decisiones privadas que alienten una niñez y adolescencia plenas para todos en nuestras tierras.

La Cumbre Iberoamericana puede ser un paso adelante en todo ello y estos días son propicios para comprender que los jóvenes no son solo futuro, sino también presente.

  • Imprimir página
  • E-mail
  • Aumentar texto
  • Disminuir texto
  • Favoritos
  • Mr. Wong
  • Delicious
  • Menéame
  • Google
  • Facebook