Por José Antonio Miró Quesada. Administrador
A 169 km al sur de Lima, asoma hoy en Pampa Melchorita una impresionante realidad: la avanzada construcción de la segunda y única planta de licuefacción de gas natural en todo el continente americano con excepción de la existente en la isla de Trinidad y Tobago y sin considerar la ubicada en Alaska, la cual viene siendo desmantelada por alcanzar su nivel de obsolescencia.
La sola llegada genera una sobrecogedora impresión por la magnitud de los trabajos de preparación del terreno que se ha tenido que realizar, traducido en el nivelado y remoción de cientos de miles de metros cúbicos de tierras, que ha demandado más de dos años. Si se tiene presente que antes esta ubicación era un terreno eriazo sin mayor potencial, la impresión es aún mayor.
La topografía del lugar ha sufrido un cambio sustancial con la construcción de una vía que corre por debajo de la mismísima Panamericana Sur para dar paso a la llegada del ducto que, con una extensión de 408 km, trasladará el gas desde Chinquintirca hasta Pampa Melchorita para ser luego tratado, lo que posibilitará su exportación a otros mercados.
Asimismo, es imposible no advertir una vía afirmada que corre de oeste a este, internándose a 20 km en la costa alta, donde se ha ubicado una cantera de donde se extrae y traslada a la orilla roca de la mejor calidad. El material, luego de ser pesado y clasificado, será colocado en línea paralela a la costa a unos 1.600 metros para formar un impresionante contrafuerte, que mitigará el embate de olas y mareas submarinas, y permitirá la operación de los buques en el transporte del gas en estado líquido.
Los avances en la explanada son notables. Ya se vislumbran las estructuras metálicas que soportarán los equipos que bajarán la temperatura del gas a -163 grados Celsius, para adoptar así el estado líquido y reducir su volumen 600 veces, lo que permitirá su traslado en tres grandes buques especialmente construidos para esta tarea. Con el cronograma al día veremos zarpar el primer transporte en el segundo semestre del 2010.
Tres son los reparos hechos, en su inicio, al proyecto: exportar el recurso en lugar de su utilización para consumo interno, el impacto ambiental que podría representar y exportarlo tan solo como gas licuado, sin agregarle valor.
Al respecto, hay que mencionar que con buen criterio se ha dispuesto que las reservas de San Martín y Cashiriari del lote 88 se destinarán en exclusiva para el consumo interno del país, mientras que las reservas de Pagoreni en el lote 56 y las que se confirmen en el futuro serán las destinadas a la exportación. El moderno diseño del proyecto asegura que no se afectará el ambiente y, finalmente, el precio de venta al exterior es casi tres veces más alto que el que pagan las eléctricas nacionales, lo que se traduce en mayores regalías e Impuesto a la Renta y contribuye con un incremento neto del 0,5% del PBI del país o, lo que es lo mismo, de todos nosotros los peruanos.
Es importante que los peruanos conozcamos lo que está pasando, como en el caso de Pampa Melchorita, en el resto del país. Es importante que se conozca que en este lugar hay una inversión directa que alcanzará a su término los US$3.800 millones repartidos entre el ducto, los costos de operación y financiamiento, pero, principalmente, en los US$2.300 millones que estarán destinados a la planta de gas licuado y al terminal marítimo.
¡Ese es el Perú, qué les parece!