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El hit de los juegos

La carismática estrella de Estados Unidos pesa 103 kilos y mide 1,73 m

Por Patricia Castro Obando. Corresponsal

Llegó, bateó, metió un jonrón y se fue por su gaseosa. La número 6 de la selección femenina de sóftbol de Estados Unidos, Crystl Bustos (31 años, tres olimpiadas) tan prominente como su nombre, mandó la pelota más allá del jardín izquierdo para irse a la calle sin nadie en base. Fue el primer cuadrangular del partido entre Estados Unidos y Venezuela en las canchas de sóftbol del renovado Centro Deportivo Fengtai.

Lo de Bustos fue apenas un aperitivo del resultado final. Su batazo obligó a la novena venezolana a cambiar de lanzadora. De poco sirvió porque, por reglas del campeonato, el partido se detuvo 11-0 a favor de su equipo que fijó un récord olímpico de carreras y ganó su decimoquinto juego consecutivo en estas competencias. ¿Y Bustos? Bebiendo su gaseosa.

Como superestrella y cuarta bate veterana del equipo, en Atenas 2004 marcó un récord olímpico con cinco jonrones, dos más que en Sidney 2000. Su misión en Beijing 2008 es lograr la cuarta medalla olímpica para su equipo. Por el momento ya hizo su primer jonrón en su debut. Para ella, estos son sus terceros Juegos Olímpicos. Ha venido por su medalla de oro número tres y probablemente la última. Pero hay otra razón que pesa más que ella. Llegó el momento de soltar el bate.

Tarea difícil para su entrenador, Mike Candrea, encontrar un reemplazo de su talla. "Es un fenómeno físico para este juego. Una velocidad de 95 millas por hora en bateo no se ha oído en las grandes ligas", dice sin tomar aire.

Desde que Bustos se unió a la selección nacional, en 1999, ha ganado medallas de oro en los ocho viajes combinados a los juegos, la Copa Mundial y los Panamericanos. Se la considera la mejor bate de la era olímpica del sóftbol.

Bustos, de raíces latinas, no habla español, pero muere por los tacos. Tiene fascinación por los peces chiquitos que llenan sus múltiples y gigantescos acuarios. Cada vez que visita una tienda de mascotas vuelve con bolsas llenas de pececitos, aunque tuvo que poner límite cuando su pez tiburón empezó a crecer más de la cuenta. Ahora posee una tortuga que se pierde entre la vaca y el toro, también de su propiedad. No puede faltar un caballo, que monta cada mañana cuando no entrena. A la ciudad, marcha en su vehículo todoterreno. Pero el sóftbol es un tema aparte. Construyó su vida alrededor de él. Fue reclutada a los 5 años durante una práctica de fulbito, cuando un entrenador vio cómo lanzaba la pelota. La persona más importante de su vida fue su tío abuelo, Jesse Ríos, quien le enseñó a batear, "como hombre, mi hija", decía.

Durante los juegos de Sidney, su tío abuelo murió intempestivamente. Ella recogió su medalla de oro, se fue al aeropuerto y de allí al funeral. Puso su medalla en el ataúd. Desde entonces le persiguió la idea de fundar una organización sin fines de lucro para incentivar el deporte en los niños pobres. Ya tiene un club llamado Bustos Elite para niños menores de 10 años en California. Y también tiene otra organización para niños de 12 años en Ohio, bautizada Bustos Ultimate.

Pero quiere ir más allá, como lo hace siempre con su bate. Busca crear un fondo que proporcione becas a niños que muestren potencial para un deporte de equipo. El programa se iniciará en Southern California y buscará extenderse en todo el país. ¿Cómo se llamará la fundación? Seguramente Jesse Ríos.

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