Por Pedro Canelo
El Comité Olímpico Internacional llamó al luchador sueco Ara Abrahamian para que declare ante su Comisión Disciplinaria. ¿De qué se le culpa? Ayer, Abrahamian protagonizó uno de los actos más polémicos de los últimos Juegos Olímpicos. Después de recibir la medalla de bronce en la categoría 96 kilogramos, el escandinavo se bajó del podio y arrojó la presea sobre la lona, y dijo que le "robaron" las semifinales ante el italiano Andrea Minguzzi.
¿Merece castigo Abrahamian? Al parecer no será necesario tanto juicio. Este vikingo de los nuevos tiempos anunció que se alejará de la lucha grecorromana, después de no alcanzar la medalla de oro en Beijing. De todos modos, en Suecia y en todo el mundo algunos dirán que Abrahamian fue un malcriado y otros dirán que su gesto fue de el esos deportistas con raza nacidos solo para ganar. Podríamos llamarle la polémica de la medalla que nadie quiere llevarse a casa.
En un torneo donde muchos se prepararon por cuatro años para ganar y solo ganar, ¿vale hablar de medallas de bronce? ¿puede sanar un orgullo dañado el reconocimiento del podio?
Abrahamian quizá sea suspendido por mucho tiempo por lo que hizo. Quizá lo censuren y todos les diremos a nuestros niños que eso no es juego limpio. Puede ser, nadie justifica las patadas al tablero. Pero alguien debe detenerse a pensar en la lógica de este sueco calentón. Él se preparó para ingresar a la UNI y al final se quedó con una mención honrosa de secundaria. ¿Usted lo perdonaría?