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SIC

Las tarjetas de crédito: peligrosa tentación...

Por Corina Delgado

Si quieres pagarte un curso, comprar una laptop o se te acabó el sueldo antes de que termine el mes, no te preocupes. Saca tu tarjeta y asunto resuelto. Así de fácil funcionan las tarjetas de crédito; siempre listas para salvarnos.

Gracias a lo atractivas que son para nosotros, estamos en la mira de los promotores de los bancos, que nos llaman insistentemente por teléfono. No porque haya planes de crédito exclusivamente para jóvenes, cosa que no existe aquí.

Lo que hay son préstamos a universitarios --de hasta 50 años-- para pagar estudios en el extranjero o de posgrado. Cabe mencionar que también ofrecen pagarte el pregrado si estás en el medio superior de tu universidad, pero los intereses pueden superar el 10%. La razón de las llamadas es que ahora trabajamos desde los 20 años y ganamos nuestro propio dinero: con un salario mínimo de S/.600 y seis meses trabajando, ya puedes gastar más de lo que ganas.

¿Pero por qué no tenemos planes de crédito? En España, por ejemplo, somos un público muy importante para las financieras. La Caja de Madrid considera que los jóvenes son un público estratégico y por ello les brinda créditos para que puedan dejar la casa de sus padres persiguiendo la tan ansiada independencia. El BBVA también ofrece en ese país europeo un préstamo para vivienda (Blue Joven) dirigido a personas de entre 18 y 30 años, que cubre incluso el 100% del valor del inmueble, dando hasta 40 años para devolver el dinero ¿Acaso nosotros no somos también sujetos de crédito?

CONSEJOS BÁSICOS
¿Qué debemos saber antes de aceptar una tarjeta? Si eres de los que solo preguntan por los intereses, perdiste. A fin de mes, te vas a caer de espaldas cuando revises tu deuda, porque también pagarás el porte (por el servicio delivery de tu estado de cuenta), las comisiones (por mantenimiento, moras, etcétera) y los seguros. Todo esto compone la tasa de costo efectivo anual, que deberías conocer antes de aceptar el trato con un banco.

Las tarjetas nos sacan de apuros económicos, es cierto, pero también pueden llevarnos a la bancarrota si gastamos más de lo que podemos pagar o no leemos muy bien el contrato que firmamos con el banco. La decisión está en tus manos. ¿Una firmita?

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