Por José Quezada Macchiavello
Es común referirse a la zarzuela, especialmente a la posterior a la segunda mitad del siglo XIX, como el género chico. Teatro lírico fácil, por lo general con textos cómicos de corte popular y costumbrista, con partes habladas, no cantadas y melodías de tipo folclórico que alternan con otras de cierta semejanza con las del bel canto. Orquestación simple, pero brillante también por lo general. Son estas algunas de las características de una receta que gracias al talento de algunos maestros produjo una importante cantidad de títulos que se mantienen en el repertorio en España, gran parte de los países iberoamericanos e inclusive, recientemente, en ciudades de Estados Unidos con gran presencia de hispanos.
La apuesta por el género chico en nuestro medio está a cargo de la Asociación Romanza, que este año ha ofrecido una temporada con tres producciones de zarzuela: "La dolorosa", de Federico Chueca; "El barberillo de Lavapiés", de Francisco Asenjo Barbieri, y una "Antología madrileña" con selecciones de Chueca, por el centenario de su fallecimiento, representado estupendamente además por Enrique Victoria.
"El barberillo de Lavapiés" es uno de los títulos más apreciados del repertorio zarzuelero. El libreto en alguna medida alude a "El barbero de Sevilla" de Beaumarchais, y ciertamente la música, bastante a la inmortal ópera de Rossini. El texto de Luis Mariano de Larra ambienta la escena en el ámbito urbano, en un barrio fuertemente populachero de Madrid (Lavapiés). Larra presenta además una fina crítica social a la España de Carlos III y al predomino de los ministros italianos, algo característico de los Borbones del siglo XVIII. Si bien Barbieri intentó crear la ópera española, lo que hizo fue plasmar lo más emblemático del género, con jotas y seguidillas, pero sobre todo con típicos personajes, como el barbero Lamparilla. Esta obra es exponente por antonomasia, tanto por sus indudables logros artísticos como por sus limitaciones, ya que el excesivo casticismo dificulta bastante la concreción de un producto de valor universal.
El personaje principal, Lamparilla, tuvo en la versión de "Romanza" dos intérpretes alternos con excelentes cualidades vocales y escénicas, que el rol exige indispensablemente: el tenor español Enrique del Portal y el peruano José Marino.
La "Paloma", de Josefina Brivio, fue muy convincente y alcanzó brillantez. Esta cantante peruana ha ganado bastante en el plano actoral, lo que se aúna positivamente a sus estupendas cualidades vocales. En el papel de "La marquesa" alternaron la estupenda mezzosoprano venezolana Adriana Balzán y la promisoria peruana Pilar Ciruelos. Fue una grata sorpresa escuchar a José Sacín cantar acertadamente ahora como barítono en el rol de Don Juan de Peralta, que alternó con Xavier Fernández, bastante conocido y apreciado por sus dotes como cantante y actor. Óscar Cuya como Don Pedro y Franco Ríos como Lope, cumplieron a la altura del resto del elenco, tal como los diversos comprimarios y el coro. La orquesta estuvo bien dirigida por Espartaco Lavalle.
Especialmente destacable, tanto en "El barberillo de Lavapiés" como en las otras dos producciones se aprecia la sobria 'regia' del experimentado Carlos Fernández de Castro.