LOS PLATENSES DEFENDERÁN EL TÍTULO DE ATENAS 2004
Por Eugenia Mont Farfán. Especial para El Comercio
Beijing. Argentina venció a Brasil por 3 a 0 ante un público que vibró con cada jugada, haciendo olvidar que el encuentro clásico del fútbol latinoamericano se jugaba en un estadio ubicado en un territorio tradicionalmente ajeno a los dominios del deporte rey, y casi casi enclavado en las antípodas geográficas.
China ha aprendido lo que sabe del fútbol a través de la televisión, y lo que conoce de Sudamérica a través del fútbol. Quienes vivimos en Beijing muchas veces tenemos que explicar nuestra nacionalidad a partir de esta realidad. Para ilustrarlo, una conversación de taxi bastante común: "¿De qué país es usted?". "De Perú". "¿Perú, cerca de Brasil?". "Sí". "¡Oh! Ronaldinho claro, Perú está cerca de Brasil". Los nombres cambian. A veces son Argentina y Messi, a veces Maradona, a veces incluso Pelé.
En las tribunas, además de las barras de argentinos y brasileños, estaban los aficionados asiáticos --chinos, y también japoneses y coreanos-- vistiendo camisetas bicolores, unas albicelestes, otras auriverdes. Algunos tenían en la espalda nombres de figuras de generaciones pasadas, pero ese era un detalle menor. Lo importante era sumarse a esta oportunidad única de participar en la fiesta mundial del deporte en Beijing y aclamar a las figuras del fútbol que el mundo aclama. Al verlos no podía quedar duda de que China es parte de la sociedad global.
El segundo tiempo trajo los goles anhelados. Tres para Argentina, que está a solo un paso de mantenerse como campeón en los juegos; y ninguno para el pentacampeón mundial, que ha tenido que renunciar una vez más al anhelo de conseguir el oro olímpico. Sergio Agüero, autor de los dos primeros tantos, será desde esta noche otro engreído en China. Las camisetas con el nombre de Riquelme y Messi se seguirán vendiendo. Sin embargo, Brasil, a pesar de la derrota y de una humillante y deslucida actuación que incluyó las expulsiones de Lucas y Thiago Neves, seguirá siendo popular por tradición.
Después del encuentro, parte de la multitud se volcó a la famosa Sanlitun, la calle de los bares, distante a solo diez minutos a pie. Allí, honrando el espíritu olímpico, todos se mezclaron sin atender a nacionalidades, celebrando la victoria de Argentina y el triunfo del fútbol sobre tierras amarillas.
El dato:
Argentina solo ha recibido un gol en contra en el torneo