Por Jorge Barraza. Cronista
Delicioso desquite de Argentina. Devolvió aquel cruento 3-0 de Brasil de la final de América en la tórrida y húmeda Maracaibo. Vino con propina: de paso alejó al fútbol brasileño del laurel olímpico, único trofeo que no logra acariciar. También se vengó de Dunga; lo dejó dando pasitos al borde de un precipicio: las primeras encuestas en los medios brasileños culpan al entrenador en un 62% por la derrota que los sacó de la final de Beijing 2008. Y como ya viene tambaleante, el menor soplido lo convierte en ex.
* Imperdible. Brasil-Argentina en el desayuno. El clásico sudamericano y del mundo jugándose el pase a la medalla de oro; los dos mejores equipos en torneos con límite de edad desde que existe el fútbol: no hay dos semilleros más prolíficos. Siempre el campeón sudamericano juvenil es el candidato natural a ganar los Mundiales Sub-17, Sub-20 o Sub-23, como es este campeonato olímpico. Esta vez la camada argentina salió más crocante, dorada y sabrosa que la brasileña, por eso habrá en la final una camiseta albiceleste.
* Antecedentes. Ni un gol había recibido Brasil en los cuatro juegos anteriores. Con el récord olímpico de victorias consecutivas (10) llegaba Argentina. Y la rivalidad eterna entre dos vecinos que se admiran, se respetan y se temen. Hasta 1970 inclusive, Argentina mantenía una amplia superioridad en los choques ante la verdeamarilla. El fiel de la balanza se inclinó luego hacia Brasil, aunque siempre hubo triunfos de uno y otro bando. Ambos son conscientes de que ese archienemigo histórico es el rival más incómodo, el que los puede dejar en el camino. Así es siempre. Por eso animan partidos volcánicos o tácticamente tensos como una cuerda estirada al límite.
* Dunga, querido La hinchada está contigo. Argentina manejó el trámite a favor de una mentalidad casi enfermiza de Dunga de obsequiar siempre la iniciativa al rival. "Nosotros cuidamos atrás porque adelante sabemos que un gol siempre vamos a hacer", señaló Dunga. Toda una declaración de principios. Así se va metiendo en su propio caparazón y termina cascoteado. Increíble que quien fuera un bravo capitán dentro del campo se mostrara tan temeroso de la raya para afuera. Ya la elección de zagueros y volantes toscos pinta el pensamiento del técnico. Además, necesitó estar perdiendo 2 a 0 para mandar al campo a Alexandre Pato y a Thiago Neves. Lo que se dice un amigo
* Imparable Messi. A cuatro años de su debut en Primera División, Lionel ha dejado atrás la primavera de su fútbol, cuando mostró los primeros brotes de habilidad. Ya está en flor, en el instante perfecto de su carrera, listo física y temperamentalmente para desparramar rivales y defensas con su explosiva gambeta. ¡Suerte la del Barsa, que puede disfrutarlo todo el año! Y que no le ha costado una peseta. Se lo llevó gratis, de 14 años. El prolongado abrazo del final con su amigo Ronaldinho es una postal de lo que debe ser el deporte: jugamos a fondo y que gane el mejor, luego nos vamos a beber una birra.
* ¿Era Brasil? Veintisiete faltas de Brasil (diecisiete de Argentina), varias muy bruscas, jugadores nerviosos, protestones y la intención de pegar anteponiéndose a la de jugar. Dos expulsados que debieron ser cuatro si el juez uruguayo Martín Vázquez aplicaba rigor Un Brasil apócrifo. Y avaro. El único parecido con el habitual fue la camiseta. Y Ronaldinho, quien siempre quiso poner la pelota al pie, levantaba la cabeza buscando socios y encontraba cómplices.
* Fútbol y olimpiadas. Solo por un duelo como este sería lamentable que el fútbol quedara fuera del programa olímpico en Londres 2012. O que se convirtiera en un devaluado Sub-20. Todo porque el Comité Olímpico no desembolsa un centavo para los clubes ni para el gasto de las asociaciones.
Ahora le resta, al equipo albiceleste, un último escalón hacia el oro. Y otra cuenta pendiente. Nigeria lo venció en la final de los Juegos de Atlanta 96. Fue 3-2 con un escandaloso gol en fuera de juego convalidado por el juez italiano Pierluigi Collina. Si la venganza es el placer de los dioses.