Lo que sucede en la calle Berlín, de Miraflores, se ha convertido en una tragicomedia de equivocaciones, contramarchas y postergaciones en frontal perjuicio de los vecinos del distrito. ¿Cómo es posible que la obra se postergue primero para el 10 de agosto, luego para el 3 de setiembre y ahora último ni siquiera haya seguridad sobre esta fecha?
La Municipalidad de Miraflores tiene que asumir su responsabilidad en este caso y no seguir permitiendo que se den más largas al asunto. Si el consorcio no cumple, pues tiene que notificarlo, sancionarlo o denunciarlos judicialmente; o tomar medidas de emergencia e incluso penales para obligarlo a terminar las obras.
Lo que no puede aceptarse es que continúen las postergaciones. ¿Para qué están entonces las licitaciones y los contratos? Es más, los carteles con presupuestos y fechas de entrega de obras tienen que ser cumplidos estrictamente, so pena de gravísima sanción.
Este caso debe quedar como ejemplo de lo que no puede aceptarse nunca más: municipalidades ajenas a las preocupaciones de los vecinos que las eligieron; y empresas a las que no les importan los plazos ni los perjuicios que causan a ciudadanos inocentes.