DIARIO BEIJING
Por Eugenia Mont Farfán. Especial para El Comercio
Nunca antes había estado en tantos estadios y coliseos como en los últimos 13 días, ni había visto tantos encuentros de atletas luchando contra otros atletas, o en ocasiones contra ellos mismos.
Desde hace 2.800 años, cuando en Grecia los atletas competían desnudos para exhibir la perfección de sus cuerpos, el instinto básico del público presente durante los Juegos Olímpicos se mantiene en la forma de un reclamo por héroes, por figuras en las cuales verse reflejado. Entonces, los competidores que demuestran que son superiores en cuerpo y mente se convierten en esos héroes que alimentan la esperanza de que es posible superar las limitaciones de nuestra realidad mortal.
Los de Beijing 2008 están siendo unos juegos sumamente fructíferos. Muchos héroes y heroínas han surgido, y entre ellos tres se han destacado nítidamente.
El primero es el tenista español Rafael Nadal, quien con un juego celestial ha ganado el oro olímpico y a los 22 años se ha convertido en el número uno del mundo, desplazando al suizo Roger Federer que permaneció en la cúspide durante 234 semanas consecutivas desde febrero del 2004. Si algo le faltaba a la carrera de Nadal era trasladar su nivel del ATP a los terrenos de unos juegos, donde no se disputa el prestigio individual, sino la marca de un país.
El segundo, el estadounidense Michael Phelps, ha logrado magia en el Cubo de Agua, al obtener 8 oros en Beijing y convertirse así en el atleta con la mayor cosecha dorada en unos mismos juegos olímpicos, con lo cual superó la hazaña de siete medallas de oro lograda por su compatriota Mark Spitz en Múnich 1972. A sus 23 años Phelps es también el deportista que más medallas de oro ha logrado en su carrera, 14 en total.
El tercero, el jamaiquino Usain Bolt, ha sido una revelación sobrenatural en la pista del Nido de Pájaro y ha igualado la proeza de Carl Lewis, que en 1984 ganó en unos mismos juegos las competencias de 100 y 200 metros planos. A sus 22 años recién cumplidos, Bolt ha impuesto en ambas pruebas nuevos récords mundiales de 9,69s y 19,30s, respectivamente. Los comunes nos resistimos a imaginar mayor velocidad. Sin embargo, al igual que el cielo de Beijing, el firmamento olímpico tiene sus momentos grises. Algunas voces como la del alemán Tobias Unger se han alzado sugiriendo que el dopaje convierte al velocista Bolt en un relámpago, y el equipo serbio presentó un reclamo sobre la victoria de Phelps en 100 m mariposa, obtenida estrechamente por una centésima. Pero los antiguos griegos, pueblo sabio, sabían desde hace siglos que las pasiones también susurran a veces al oído de los héroes y atletas.
¿Qué queda para estos tres superhombres después de la gloria olímpica? Bien podrían retirarse al Olimpo de los dioses y ser objeto de culto gozando para siempre de la gloria conseguida. Sin embargo, lo más probable es que se declaren imperfectos y continúen buscando en Londres 2012 la gloria y la perfección.