ALGUNAS IDEAS PARA QUE LOS JÓVENES CONTRIBUYAN AL AHORRO DE ENERGÍA ELÉCTRICA
Por Corina Delgado. Redactora de SIC
En algún momento iba a pasar. Tanto nos ha costado darnos un tiempo (aunque sea pequeño) para reflexionar sobre la electricidad que gastamos, que ya nos alcanzaron las vacas flacas. Ahora estamos obligados a pensar en el asunto.
Por ejemplo, usamos los celulares todo el día y llegamos a la casa directo a enchufarlos para que carguen. Sabemos que lo suficiente son dos horas, pero la flojera, el olvido o algún pretexto de último minuto hace que la recarga se prolongue hasta la mañana siguiente. Aunque no lo crean, la mayoría de nosotros cargamos un celular cerca de siete horas cada vez que los conectamos. Alguien podría decir que ese no es un problema, ya que al final un celular promedio consume hasta tres vatios y eso en una hora apenas cuesta 0,0008706 soles, menos de un céntimo. Pero las cosas cambian si caemos en la cuenta de que esto se repite en los 18 millones de celulares en servicio que hay en el Perú (según Osiptel).
Viéndolo así, al cargar cinco horas más nuestros celulares, juntos gastamos en un mes 1'170.000 soles más de lo que teníamos que gastar; demasiado dinero echado al agua.
Similar es nuestra relación con las computadoras, pero las cifras se multiplican por supuesto. Las usamos solo cuando estamos en la casa --excepto las laptops-- por cinco, seis o más horas diarias, dependiendo de lo que encontremos en el ciberespacio y de nuestras ganas de chatear. Luego, nos olvidamos de apagarla (o tal vez no lo olvidamos, pero igual nos da y la dejamos encendida). La cuestión es que esta ventana virtual puede pasarse todo el día prendida.
Así, pues, es necesario que tengamos en cuenta que una computadora consume 200 vatios, es decir, más de 66 veces lo que consume nuestro celular cuando lo enchufamos; y vale recordar que la prendemos todos los días y durante más horas de las que mantenemos conectado el cargador. Si está prendida solo mientras la usamos, pagamos lo que nuestras necesidades exigen. Pero si la tenemos así por más tiempo --que fácilmente puede ser de diez a más horas de exceso-- nos estamos tomando el pelo nosotros mismos. De las seis horas que nos pasamos sentados frente a nuestras computadoras, terminamos pagando el triple o más, por nuestra flojera o descuido.
Estos son apenas dos ejemplos de nuestros, dizque irrelevantes, gastos diarios en electricidad. Ahora que lo pienso, no volveré a pasar por alto nuevamente los focos que se quedan prendidos. La costumbre de amanecerme estudiando me ha hecho dejarlos toda la noche encendidos, incluso mientras duermo. Desde ahora presionaré el interruptor más seguido.