Por: Juan Paredes Castro |
El presidente Alan García y su primer ministro Jorge del Castillo tienen que haber comprendido en estos días la necesidad de atravesar, con mejor equipaje, el paso estrecho entre esas dos montañas que constituyen los retos de la captación de inversiones y de la inclusión social.
Esto equivale a asomarse, metafóricamente, a algo parecido al Cañón del Colca y, por supuesto, a no perder de vista la luz de un extremo a otro.
De otro lado, colocar los mecanismos burocráticos de coordinación gubernamental en la recta dirección de los gobiernos regionales y de la prevención de conflictos, constituiría una buena manera de entubar, gerencialmente, una mejor relación con el interior del país, hasta hoy mediocremente contemplada.
Así tendríamos un partido del gobierno, que por alguna razón viene engrosando su presencia en los ministerios, apuntando al problema social desde dos cañones perfectos. Uno con la mira puesta en las inversiones y la inclusión propiamente dicha (para que Lourdes Flores no le vuelva a decir a García presidente de los ricos). Y otro inclinado a hacer viable el diálogo y el entendimiento entre el Gobierno Central, las presidencias regionales, los municipios y las comunidades campesinas y nativas de la sierra y la selva.
Estos cañones de gestión gubernamental, bien dirigidos y administrados, asegurarían blancos distintos, superiores y absolutamente diferenciados de aquellos otros que suele perseguir la vieja escopeta aprista, muy expeditiva, digamos, para los pactos como los que han enredado últimamente al partido de Alfonso Ugarte en el Congreso, y nada más.
La Presidencia del Consejo de Ministros tiene pues que buscar la manera de formar un equipo muy bien afinado que le permita atravesar el primer cañón, entre las montañas de la inversión y la inclusión social; y un segundo equipo o segundo cañón, a partir de los restos que quedan del Consejo Nacional de Descentralización y de la Oficina de Prevención de Conflictos, para servir de real y efectiva conexión entre el Gobierno y el interior del país (regiones, municipios y comunidades).
La promoción de la inversión pública y privada no tiene que ser excluyente de la inclusión social, y viceversa, como tampoco la descentralización y la regionalización en marcha suponen tareas concluidas, cuando prácticamente ambas recién experimentan su primer estadio de maduración.
Cuánto pueden hacer olvidar estos dos cañones a aquellos otros dos de la vieja escopeta aprista, lo sabremos en poco tiempo.