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Obras de Teófilo Castillo en escena

Rostros y paisajes.

RETRATISTA, PAISAJISTA, FOTÓGRAFO Y DISEÑADOR, ADEMÁS DE AGUDO CRÍTICO Y POLEMISTA, LA IMAGEN DEL MAESTRO TEÓFILO CASTILLO SE NOS REVELA ENORME Y COMPLEJA EN LA MUESTRA QUE INAUGURA LA ASOCIACIÓN CULTURAL PERUANO-BRITÁNICA

Por Enrique Planas

Cuando se habla de los maestros de nuestra tradición pictórica de la segunda mitad del siglo XIX, suele filtrarse una palabra cargada de prejuicio: 'academicismo'. Es decir, aquel arte obediente, celoso de las normas clásicas, hecho al gusto medio burgués. De gran calidad técnica pero escasa creatividad. Sin embargo, una muestra como la dedicada al pintor ancashino Teófilo Castillo (1857-1922), que el martes inaugurará la galería John Harriman del Centro Cultural Peruano-Británico, nos obliga a reconsiderar este concepto. "Considerar a priori lo académico como algo negativo resulta una demostración de intolerancia y falta de ubicación histórica", señala Élida Román, curadora de la exposición.

Curiosamente, Román confiesa que ella también tuvo que dejar los prejuicios a un lado para apasionarse por la obra de Castillo. "Lo descubrí por sus escritos antes que por su pintura", explica la crítica de arte. Para Román, los textos críticos, que clamaban por el arribo de la modernidad a la pintura y a la educación artística, se contradecían con sus cuadros más célebres, "El pleito de las calesas", "La procesión del Corpus Christi" o "El entierro de Santa Rosa", obras que le parecían en exceso pasatistas. "Creí que Castillo fue alguien que vivía en el pasado y que evocaba con obras muy bien hechas temas que no correspondían a su tiempo", confiesa.

Sin embargo, no fue hasta que, al investigar en la historia del paisaje peruano, Román descubrió la obra de un artista diferente, luminoso y detallista, de lienzos pintados con un ojo único. Ello la obligaría a replantear todo su análisis: aquellas pinturas que ella consideraba como nostálgicos cantos al pasado eran en realidad los rastros de una búsqueda de valores éticos en el pasado, que aportaban las bases para la construcción del porvenir. Allí apreció su enorme coherencia como pintor y pensador. Con esta muestra, la curadora quiere producir la misma revelación en el espectador, compartir con este el descubrimiento de un capítulo muy poco conocido de la obra de un artista y de un intelectual imprescindible en la vida cultural del Perú de entre dos siglos.

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