Por Pedro Ortiz Bisso
Decía Juan Carlos Oblitas, hace ya algunos años, que los resultados en el fútbol estaban cada vez más ligados a la lógica. El razonamiento del 'Ciego' era de una simpleza contundente: con un balompié tan profesionalizado, soñar con que un equipo mal preparado pudiera ganarle a un grande era solo eso: apenas un sueño, o si quieren, un accidente, una anécdota que podía servir para inflar el pecho y cantar el himno un ratito, pero nada más.
El mismo razonamiento calza para explicar por qué nuestros deportistas volvieron a pasar inéditos en unas olimpiadas. Se aplaude su esfuerzo, emocionan sus lágrimas, su enorme sacrificio, pero la distancia con el primer mundo deportivo sigue siendo sideral. Y allí donde la diferencia se acorta, solemos quedarnos en el maldito casi: "casi clasificamos, casi vencimos, casi ganamos una medalla...".
Pero nuestros representantes olímpicos no tienen la culpa. Son apenas el lado más débil de una estructura ineficiente y, a juzgar por las últimas informaciones, altamente esquizofrénica.
¿Cómo puede entenderse que hace apenas unos meses el presidente anunciara su deseo de que el país presente su candidatura a una olimpiada (craso error: los países no postulan, sino las ciudades) y ahora se afirme que el ya paupérrimo presupuesto para el deporte nacional será reducido el próximo año? ¿Con qué cara podemos exigirle una medalla a Peter López o a Sixto Barrera si aquellos que deben brindarles los recursos para que puedan desarrollar todas sus potencialidades, simplemente no se los dan?
Hoy en DT publicamos la historia de Guo Jingjing, la ganadora del oro en clavados en Beijing. Más allá de que la prensa de su país la considere una diva por sus poses y excentricidades, la deportista china, además de ser una profesional consumada, es una fábrica de hacer dinero. En los últimos cuatro años, solo en contratos publicitarios, ha recibido 35 millones de dólares.
¿Es posible competir así? En este momento no. Pero empecemos por lo básico, por ejemplo: ¿Sabemos qué es lo que quiere hacer el Gobierno con el deporte nacional? La pregunta lleva dos años y casi un mes sin respuesta. Así, sin un derrotero preciso, con presupuesto o sin él, cualquier esfuerzo será en vano y el casi casi seguirá siendo el consuelo nacional.