Por Eugenia Mont Farfán. Especial para El Comercio
Beijing. En Brasil, como ocurrió alguna vez en el Perú, se hablará de estas chicas y de cómo son capaces de hacer lo que no pudieron los futbolistas. Los Juegos de Beijing conocieron ayer el significado de la alegría brasileña gracias a la selección femenina de vóley, que derrotó 3-1 a Estados Unidos en un partido emocionante y reñido, y ganó la primera medalla de oro para su país en esta disciplina.
Ante cerca de 17 mil personas que coparon el Estadio Cubierto de la capital, las brasileñas fueron más en el bloqueo y el ataque y supieron aprovechar las debilidades de las estadounidenses, que igual dieron una batalla.
El público chino, sentimentalmente involucrado, lanzó vítores al conjunto estadounidense, dirigido por la recordada estrella del vóleibol 'Martillo de Hierro' Lang Ping, la mejor jugadora china de todos los tiempos, y alguna vez rival del Perú en épocas gloriosas.
El marcador fue inaugurado por las estadounidenses, pero las brasileñas impusieron su ritmo hasta ganar el primer set, el más flojo de todos (25-15).
En el segundo período, el sexteto estadounidense mostró un trabajo más rápido y decidido, logrando desestabilizar al equipo de las campeonas mundiales. El marcador terminó 18-25 igualando el partido a un set.
Desde sus posiciones, José Roberto Guimaraes, el entrenador de Brasil, y Lang Ping, sostenían una competencia estratégica paralela. Él permaneció de pie al borde de la línea de juego dando indicaciones. Ella solo salió al borde de la cancha cuando Brasil sacaba ventaja a sus pupilas.
En el tercero, Brasil recobró el ritmo inicial, y aprovechó muy bien las debilidades de las estadounidenses. Final: 25-13.
El cuarto set fue el definitivo, y los dos equipos salieron a matar. Hasta que el marcador llegó a 13 y entonces Brasil avanzó imparable hasta conseguir el set (25-21) y ganar el partido.
Con el pitazo que confirmó el fin del juego, el triunfo y la derrota se colocaron frente a frente de la net. En ambos lados de la cancha brotaban lágrimas. En un caso el sabor fue el de la amargura, y en el otro el de la dulce y esperada victoria.