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ESPECIAL. EL TIGRE CELTA SE ACHICA

Irlanda: llegó el tiempo de ajustarse los cinturones

El salario por hora irlandés duplica el pago mínimo por hora en Estados Unidos y es trece veces más alto que en Bulgaria, pero la crisis acecha

Por Erik Struyf Palacios. Enviado especial

DUBLÍN. Irlanda es después de Luxemburgo el país con el PBI per cápita más elevado de toda la Unión Europea. Hasta hace un par de años su economía creció a un ritmo tan acelerado que se ganó el sobrenombre de Tigre Celta, en recuerdo de los países asiáticos que desarrollaron economías boyantes en los años 80 (Hong Kong, Singapur, Corea del Sur y Taiwán). En el 2008, sin embargo, la pequeña nación noreuropea, que sorprendió al mundo por pasar de ser uno de los países más pobres de Europa a ser uno de los más prósperos en solo 10 años, se encuentra al borde de la recesión. Sus habitantes, arrastrados por la crisis crediticia y los altos precios del petróleo y los alimentos, apenas pueden creerlo.

A mediados de junio, cuando se conoció el resultado negativo del referéndum convocado en Irlanda para aprobar el Tratado de Lisboa, un gran sector de la opinión pública quedó sorprendido: los irlandeses le habían dicho no a un proyecto reformador de la UE concebido para darle más prerrogativas y presencia en la escena internacional. ¿Cómo podía un país tan rico y rico justamente gracias a la UE decirle no al tratado? ¿Por qué eran los irlandeses tan ingratos?

"Estas preguntas demuestran que en la propia Europa, muy cerca de Irlanda, la gente vive despistada y con falsas ideas en la cabeza", dice Peadar O Brion, experto del Instituto Irlandés de Asuntos Europeos (IIEA). "Es verdad que Irlanda tiene todavía el segundo PBI per cápita más alto de la UE, pero no lo tendremos por mucho tiempo más. El referéndum de Lisboa tuvo lugar en un contexto de crisis económica que está afectando gravemente a la población y como toda reacción, por el momento, los irlandeses en su impotencia han decidido decirle no a Europa".

O Brion considera que la UE se ha convertido en el chivo expiatorio de la isla: "La responsabilidad la tienen en gran parte nuestros gobernantes. Cada vez que surgen problemas apuntan con el dedo acusador a Bruselas como fuente de todo mal. Esta constante conducta la ha asumido ahora la población: sentimos que nuestra economía se estanca y que crece el desempleo, entonces responsabilizamos a la UE". O Brion añade: "A este contexto de crisis y miedo obviamente hay que agregarle la pésima campaña a favor del Sí desplegada por el Gobierno y la exitosa campaña orquestada por los detractores del texto, que supieron inyectar todavía más temores entre la gente".

FIN DEL 'BOOM' IRLANDÉS
La bonanza de Irlanda se gestó gracias a la combinación de 4 factores: la profunda reforma de su economía, que hasta los años 80 estaba fundamentalmente basada en la agricultura, la vorágine de inversiones extranjeras atraídas desde mediados de los 90 por las bajísimas cargas impositivas y los bajos costos de la mano de obra y la adhesión a la UE que desde 1993 inyectó unos 60.000 millones de euros en sectores claves de la economía.

"La crisis actual, hay que reconocerlo, en gran parte se desa-ta por factores externos: la crisis crediticia, la desinversión, el alto precio de los combustibles y los alimentos no son fenómenos irlandeses", señala O Brion. "Pero tampoco se puede negar la responsabilidad de nuestros propios políticos: nos hemos dormido en nuestros laureles, hoy por hoy hemos dejado de ser competitivos, los gobiernos han fallado en reformar y enriquecer el modelo irlandés, han postergado el desafío de las necesarias reformas en la educación y la salud".

Y la situación se pone color de hormiga. Tras haber ostentado cifras de crecimiento de 6% hasta el 2007, los analistas pronosticaban un crecimiento del 3% para el 2008 hasta hace algunos meses. Hoy los más optimistas vaticinan una economía estancada y algunos temen una recesión semejante a la de los años 50 con una disminución del 3% del PBI.

Los precios suben, los salarios bajan, se incrementa el desempleo. El 37% de los irlandeses viene experimentando dificultades en pagar sus cuentas y cumplir con el reembolso de créditos.

De acuerdo con el Instituto Mintel, que analiza el comportamiento de los consumidores, la mayoría de la población ha comenzado a modificar sus hábitos. La reacción más expandida es ahorrar quedándose en casa, es decir, dedicar menos dinero a restaurantes, pubs y entretenimiento. En mayo se registró el ritmo de caída en el gasto en tiendas y bares más alto de los últimos veinte años. Según un estudio reciente, el 60% de los consumidores irlandeses se plantea comprar menos ropa, zapatos y artículos de lujo y un 40% prevé reducir sus gastos de supermercado en los próximos doce meses.

Con el fin de detener la desinversión y volver a ser atractivo para actividades con uso intensivo de mano de obra, la Asociación de Pequeñas y Medianas Empresas ha propuesto la reducción del salario mínimo en 1 euro por hora. En la actualidad este se eleva a 8,65 euros por hora, es decir, 1.462 euros al mes, lo que coloca a Irlanda en el segundo lugar de la lista de países con salarios mínimos más alto de la UE, solo superado por Luxemburgo (1.570 euros al mes). El salario por hora irlandés duplica el pago mínimo en Estados Unidos, es un 9% más elevado que en el Reino Unido y 13 veces más alto que en Bulgaria, el nuevo país miembro de la UE. Los más grandes sindicatos rechazaron la propuesta y consideraron inmoral pretender redinamizar el mercado laboral a costa de sacrificar a los menos favorecidos.

Aunque la situación económica de Irlanda es difícil y no se esperan mejoras antes del 2010, los economistas están convencidos de que un regreso a los tiempos negros de los años 80 es poco probable.

Para salir de la crisis actual hará falta paciencia, puesto que los factores externos (crisis crediticia, inflación importada, disparada del precio del petróleo) tendrán que desaparecer o amainar.

Mientras tanto, a los irlandeses no les queda otra opción que ajustarse los cinturones.

Los ricos también lloran
La Comisión Europea redujo el 31 de julio sus previsiones de crecimiento en la Eurozona a 1,7% y elevó a 4,2 el pronóstico de repunte inflacionario debido a la debilidad económica de Estados Unidos y del dólar.

El Ejecutivo de la Unión Europea (UE) también tomó en consideración el encarecimiento de los alimentos y la energía, así como la apreciación del euro, que dificulta las exportaciones de la región.

La Comisión Europea había calculado con anterioridad un crecimiento de 1,8% para los 15 países que usan el euro como moneda común.

Para el conjunto de la UE vaticina un crecimiento de 2% del PBI y una inflación de 3,6%, muy por encima de la meta del 2% considerada aceptable por el Banco Central Europeo.

En Bélgica es donde la tendencia inflacionista se manifiesta de modo más alarmante. En julio se alcanzó un nuevo récord al llegar hasta el 5,91%, la tasa más alta desde el mismo mes de 1984, según datos de la oficina belga de economía. En menos de un año, la inflación ha pasado en el país de menos del 2% --el objetivo que marca el Banco Central Europeo para el conjunto de la Eurozona-- a casi triplicar esa cifra.

Las autoridades atribuyen la subida al encarecimiento de la energía, en especial el petróleo, y a efectos estacionales, por ejemplo las alzas de los precios de centros de veraneo (una subida del 10% en comparación con julio del año pasado), fruta, papas y seguros contra incendios.

LA FICHA
4Una pequeña república
Capital: Dublín.
Régimen político: República.
Moneda: Euro.
Población: 4,3 millones.
Superficie: 70.000 metros cuadrados.
PBI: US$270.000 millones.
PBI per cápita: US$62.450.

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