Por: Juan Paredes Castro |
Los ministros de Economía suelen cuidar mucho sus fantasmas propios, como el de la inflación, y descuidan aquellos otros, aparentemente ajenos, que terminan por afectarlos y atemorizarlos más.
Entre sus indicadores medibles cruciales no figura la administración pública como agente o antiagente de eficiencia y competitividad, la estabilidad o inestabilidad institucional y jurídica en general ni el comportamiento bueno o malo de poderes importantes como el Legislativo y el Judicial.
¿Cómo podría Luis Valdivieso asegurarse, por ejemplo, un control del gasto en los gobiernos regionales, capaz de bajar expectativas y demandas inflacionarias si ese control, en la mayoría de casos, no solo no depende de él sino que carece de la necesaria voluntad política y de los mecanismos administrativos para concretarlo?
¿Y si por el contrario no fuese aconsejable practicar ese control en algunos casos? ¿Cuál sería la regla de rigor y la excepción de rigor?
El canon minero ha llevado y sigue llevando muchísimo dinero a algunas arcas regionales en detrimento de otras que no lo tienen, generando un problema de equidad que no está siendo enfrentado en términos de una mejor política de redistribución de los ingresos. Es más: hay gobiernos regionales, como el de Áncash, que han hecho de estos ingresos sobreabundantes una práctica de dispendio y corrupción que nadie parece poder controlar ni menos evitar.
Por primera vez en mucho tiempo estamos viendo a un ministro preocupado por los fantasmas de orden político, jurídico, judicial y administrativo, de cuya repercusión en el manejo técnico de la economía y las finanzas es plenamente consciente Valdivieso, como consciente tiene que ser de la necesidad de que ese mismo orden disponga de los fondos necesarios para funcionar mejor.
¿Vamos a atraer más inversiones con un Poder Judicial que permite el más escandaloso e impune tráfico de hábeas corpus en provecho de las mafias del narcotráfico?
Tiene razón Valdivieso de preocuparse por las señales de estabilidad política y jurídica y de confianza en la justicia que debemos dar hacia dentro y afuera. Pero su preocupación será más coherente si entiende que esas señales dependen también de una mayor inversión de recursos materiales y humanos principalmente en justicia.
Mientras Valdivieso no considere como propios estos fantasmas de poco o nada le valdrá contener la inflación, pues se verá siempre rodeado del déficit de eficiencia y competitividad en todo el aparato público y de las señales de incertidumbre ensombreciendo nuestras oportunidades de mercado en el mundo.
Siempre que no viva solo pendiente del control fiscal e inflacionario, como si fuese a repetirse el desastre del 85-90, Valdivieso podrá ver mejor el horizonte del país.