Edición impresa

  • Imprimir página
  • E-mail
  • Aumentar texto
  • Disminuir texto
  • Favoritos
  • Mr. Wong
  • Delicious
  • Menéame
  • Google
  • Facebook

DEL EDITOR

Pakistán en el fondo del abismo

Por Virginia Rosas

Para evitar un juicio político el lunes pasado renunció a la presidencia de Pakistán, tras casi nueve años en el poder, el ambicioso general Pervez Musharraf, el hombre más impopular del país. A la alegría que estalló en las calles tras su dimisión le siguieron dos atentados terroristas. El primero el mismo lunes, cuando un kamikaze hizo estallar una bomba en un hospital, lo que causó la muerte de 30 personas. El segundo ataque fue el jueves frente a la principal fábrica de armamento de Pakistán, cerca de Islamabad, y dejó por lo menos 64 muertos. Ambos atentados fueron reivindicados por el Movimiento de los Talibanes de Pakistán (TTP) cercano a Al Qaeda.

Los talibanes le declararon la guerra a Musharraf en julio del 2007 cuando este --bajo la presión de EE.UU.-- ordenó el debelamiento a sangre y fuego de la Mezquita Roja, en la que estaban atrincherados varios cientos de islamistas armados, y desde entonces los atentados terroristas han dejado más de mil muertos en el país.

Pese a su alianza con Estados Unidos y su lucha contra el terrorismo, la verdadera motivación de Musharraf era la permanencia en el poder. Por mantenerse como presidente podía asociarse con Dios y con el diablo. Celebró alianzas con el Muttahida Majlis-e-Amal, una coalición de partidos religiosos que lo ayudaron a legalizar el golpe de Estado que en 1999 lo llevó al poder.

Como agradecimiento cambió su posición sobre la reforma de las madrazas --las escuelas coránicas de donde egresan los terroristas que recluta Al Qaeda. Permitió que siguieran vigentes también las leyes contra el adulterio y la blasfemia. Pero, lo que es peor, se hizo de la vista gorda cuando los talibanes regresaron a las regiones tribales del sur y del norte.

Si bien la gran mayoría de pakistaníes es moderada y no apoya el movimiento islamista, tampoco es proclive a una alianza con Estados Unidos en una guerra que ellos consideran exclusivamente "americana" , lo que hizo que el ahora ex presidente se ganara el sobrenombre de 'Busharraf'.

Por el momento es el presidente del Senado el que asume la presidencia. La Comisión Electoral de Pakistán convocó para el 6 de setiembre la elección del sucesor de Musharraf. Asif Zardari, el viudo de la asesinada ex primera ministra Benazir Bhutto --más conocido como el señor 10%--, es el candidato del Partido Popular (PPP). Pero el país está sumido en el caos: los partidos rivales que se unieron con el único fin de derrocar a Musharraf no llegan a ponerse de acuerdo. La disputa principal es si se debe reponer o no a los jueces que el ex mandatario cesó porque se opusieron a su reelección.

Fue en marzo del 2007 que Itfikhar Chaudhry, presidente de la Corte Suprema, fue cesado de su cargo por Musharraf. Le siguieron un grupo de jueces liberales y ello desató la furia de los abogados y el comienzo del fin del general que quería conservar el cargo de jefe de Estado y jefe de las fuerzas armadas.

Washington finalmente lo abandonó a su suerte, pues pese al estado de emergencia que impuso perdió las elecciones a comienzos de este año. El asesinato de su rival Benazir Bhutto, la nueva aliada de EE.UU., no cambió su destino.

  • Imprimir página
  • E-mail
  • Aumentar texto
  • Disminuir texto
  • Favoritos
  • Mr. Wong
  • Delicious
  • Menéame
  • Google
  • Facebook