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LA GUERRA EN LA REGIÓN DE DARFUR OBLIGÓ A SU FAMILIA A ESCAPAR ANTES DE QUE NACIERA

La medalla milagrosa

El atleta Ismail Ahmed Ismail ganó plata en Beijing para alegría de Sudán, un país triste. Para festejar no ha pedido fiesta ni bulla de cohetes: solo un poquito de paz

Por Miguel Villegas

Por primera vez en cinco años, las portadas de los diarios en Sudán tenían una buena noticia. En un país acostumbrado a las pérdidas que genera una guerra interna, su imagen de ganador lucía inesperada pero hermosa. Tal vez por eso Ismail Ahmed Ismail no supo cómo sonreír.

El sudanés Ismail ganó la primera medalla --la de plata-- para su país en la carrera de 800 metros planos. Esperó hasta el último día de Beijing 2008 para salir en la foto. La verdad, no lo esperó. La versión electrónica del "The Times", el diario más influyente de Inglaterra, publicó en abril una nota sobre el equipo olímpico de Sudán en la que el gigante de 1,91 m confiesa que la gloria del podio "es un sueño imaginario". Casi un imposible.

El atleta declaró eso minutos después de entrenar en un estadio a medio construir o peor, derribado por los bombardeos. A un lado podían verse las pesas hechas con potes de pintura rellenas de concreto. Si el reportero miraba al cielo podría ver, a lo lejos, el gris humo de una explosión y si probaba la pista de atletismo, experimentaría la sensación del que corre sobre una sartén con aceite hirviendo. Mala infraestructura, guerra, 60 grados a la sombra. Era previsible que bajo esas condiciones el atleta no tuviera ningún sueño olímpico.

Sudán es un país cortado por la sangrienta navaja de la violencia: el norte árabe y el sur negro. Desde el 2003, dos grupos negros rebeldes acusaron al gobierno autoritario de Omar al-Bashir de discriminación racial, abuso y genocidio. El Movimiento Justicia e Igualdad (MJI) y el Movimiento de Liberación de Sudán destaparon una guerra que ha cobrado la vida de 400 mil sudaneses, según el último registro de la ONU. Uno de esos pudo ser Ismail Ahmed Ismail.

Él siempre supo que correr tiene premio. Su familia corrió más de 800 metros cuando él aún no había nacido: los Ismail se escapaban de la pobreza y los conflictos en Darfur, la rebelde zona sureña, para instalarse en la capital de Sudán, Jartum. Esa fuga es solo una de las 2,5 millones que han convertido a los darfuris en nómades contemporáneos. Correr, esquivar, vivir.

Físicamente, Ismail Ahmed Ismail es la imagen perfecta de su país: la sonrisa de dientes blancos oculta por un gesto de tristeza, las orejas pequeñas para no escuchar el ruido de las bombas, la altura suficiente para ver desde dónde vienen los ataques y salir corriendo. La medalla de oro no la perdió: solo se tardó 0,05 segundos más que el keniata Wilfred Bungei, un tiempo en el que ni siquiera se puede preguntar por qué.

Ismail Ahmed Ismail ha ganado la medalla de plata para uno de los países más pobres del mundo. En un país donde alimentarse es un lujo first class, Ismail Ahmed Ismail ha enseñado que siempre se debe tener hambre de gloria. "Este no es un logro para mí, sino para mi país", dijo con la esperanza del que busca salir del infierno. Para festejar no ha pedido fiesta ni bulla de cohetes. Ismail Ahmed Ismail solo quiere un poquito de paz.

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