Por Enrique Planas
El precario equilibro entre humanos y elfos está por romperse. El pacto firmado hace siglos, que reservaba las ciudades para los primeros y los bosques para los segundos, se ha visto violado por nuestra ambición de dominar la naturaleza sin pensar en el resto de criaturas del planeta. Y en tiempos de cambio climático, ellos han decidido cobrarse la revancha.
Por ello, Hellboy (Ron Perlman) y su tropa de 'freaks' reclutados por la supersecreta Oficina de Investigación y Defensa Paranormal tienen una nueva misión: impedir que el anárquico príncipe Nuada (Luke Gloss) controle un invencible ejército de máquinas, y con ello evitar que los seres del inframundo barran con todo lo que el hombre ha construido.
Así, en "Hellboy II: El Ejército Dorado", el director Guillermo del Toro vuelve sobre el héroe rojo creado por Mike Mignola para mostrarnos un mundo de hadas más peligroso aun que el que nos ofreciera en su memorable "El laberinto del fauno". Hadas carnívoras, elfos asesinos y antiguos dioses del bosque recordarán a la humanidad su antiguo miedo a la oscuridad. Sin embargo, quedará flotando la idea de que aquellas criaturas también pelean por lo que es justo, pues defienden un mundo permanentemente agredido por los hombres. La reflexión del demonio de los cuernos limados sobre la razón del bando en que juega no tardará en llegar, pues ha descubierto que la humanidad no es tan amable como creía y que el enemigo no parece tan culpable como sus jefes le habían contado.
Sin embargo, no todos los problemas de Hellboy tienen que ver con la inminente desaparición de la humanidad. Embarcado ya en su noviazgo con la compleja y piroquinética Liz Sherman (Selma Blair), empezarán los conflictos comunes que la convivencia produce en toda pareja. Sucede que ni siquiera el hijo de Belcebú se libra de los desencuentros de todo matrimonio joven. Resolverlos con madurez y mantener el mundo en una pieza será el gran reto de ambos. Que Dios nos ayude.