Por: Juan Paredes Castro |
Hay un serio desajuste entre lo que el presidente Alan García y su gobierno quieren hacer y hacia dónde quieren llevar al país, y las señales que uno y otro generan en la realidad y en la práctica.
Es difícil determinar si se trata solo de una mala administración de señales o de defectos en la administración gubernamental que no permiten la emisión de las señales adecuadas.
Lo cierto es que el Perú necesita saber en qué dirección se mueve. Si una de esas direcciones es el crecimiento económico, lo natural es que esperemos señales de sostenimiento y de redistribución que deben ser inteligentemente concebidas.
Sabemos que medio país pobre reclama una política social muy bien enfocada. ¿La tenemos? Existe la tesis de que no hay mediano ni largo plazo que pueda conducirnos a algún cambio sustancial sin una educación en la cima presupuestal. No hay manera de apostar al futuro con la precaria institucionalidad que rige nuestras vidas. ¿Qué cambios y mejoras estamos haciendo?
La Conferencia Anual de Ejecutivos (CADE), prevista para finales de octubre, ha sacado acertadamente de su agenda su casi eterna exigencia de una reforma del Estado, para reemplazarla por otra más urgente y necesaria: la reforma del sector privado. Nos parece muy bien.
La CADE no quiere perder el tren de la competitividad actual y prefiere evitar añadir un esfuerzo inútil más por una reforma del Estado que los sucesivos gobiernos han toreado siempre, infligiéndole al país el más profundo daño.
En materia de reglas de juego jurídicas hemos mejorado. Sin embargo, la actuación del Congreso y del Poder Judicial es aún tan pobre que no hay manera de esperar de ambos las señales de confianza deseables. Incluso el Tribunal Constitucional empieza a perder su real razón de ser, ganado por una inercia de tercera instancia judicial que debería revisar concienzudamente.
¿Aspira la actual dirigencia del Congreso a concretar una renovación por tercios del cuerpo legislativo? Perfecto. Queremos ver compromisos firmes de todas las bancadas. Hasta el humalismo parece estar de acuerdo y no hay que desaprovechar su propósito. Esa sería una buena señal en el horizonte. De las tantas que hacen falta.
La CADE está dándonos un ejemplo de cómo marchar con señales claras en la dirección que se quiere.
Si el Gobierno sabe por dónde ir, que no se demore tanto en marcarnos la ruta para que la conozcamos y entendamos hasta en la lejana Amazonía.