TRAVESÍAS LITERARIAS.Cronista del siglo XXI
Por Gonzalo Galarza Cerf
La hoja de ruta de Jordi Carrión es una antítesis de la vida de sus padres: en diez años ha recorrido gran parte del mundo mientras papá y mamá seguían en casa, en Mataró, una ciudad de cien mil habitantes cerca de Barcelona. Ellos, que nunca han viajado ni salido de España, fueron el impulso para que se convirtiera en un viajero. Ahora ellos conocen otras realidades a través de sus historias.
Se piensa que al viajar uno huye, pero en el fondo uno se reencuentra consigo mismo.
Siempre he planificado los viajes de ida y vuelta. Tenía clarísimo que iba a volver siempre. Aunque sea utópico es verdad: hay un viaje externo (físico) y otro interior. Ambos son simultáneos y complementarios.
Porque en tu reciente libro sobre La Boca recuerdas tu infancia.
Quizá el viaje es la forma más pura de la soledad, y en La Boca, en Argentina, encontré un barrio de inmigrantes que hizo darme cuenta de que yo me había criado en un barrio igual. Uno viaja también para buscar paralelismos, y yo encontré esto muy fértil en mi infancia y trabajé esos dos espacios.
¿Qué te dejó La Boca tras vivir con una familia de artistas?
Me permitió tener un hogar y otra familia en Argentina. Eso es muy difícil de conseguir, y es, sobre todo, la motivación secreta de todo viaje. Cuando llevas tres meses cambiando de hotel cada tres días estás buscando un contexto que te acoja; yo lo encontré. Lo otro que encontré fue una forma de pensar la inmigración, qué significa emigrar, qué son las raíces, la patria.
¿Cuando piensas en hogar dónde te ves?
Mi hogar siempre es Mataró, es la ciudad donde yo me crie, donde viven mis padres y donde tengo mi casa. Yo estuve viviendo ocho años en Barcelona, otros dos viajando por todo el mundo, y después de toda esa experiencia me di cuenta de que mi hogar era ese.
¿También buscas tus orígenes en Australia?
Sí, mis tíos maternos se fueron a Australia, y era como un mito que quería llenarlo de contenido. Ellos nos venían a visitar, pero nadie de mi familia había ido a verlos. Me fui a Australia dos meses, y de la investigación sobre la inmigración española a Australia, la historia de mi familia y de dos monjes del siglo XIX que fundaron un monasterio, surgió mi último libro.
¿Uno viaja buscando ser otro?
Hay una parte del viaje que te permite reinventarte, convertirte en un personaje de ficción, pero también es verdad que cada vez pasa menos. El Google te desenmascara muy rápidamente, te buscan en Facebook. Ya no es como antes. De otro lado, yo estoy contento con ser quien soy. Eso no quita que a veces en unos contextos el viaje permita el camuflaje, sobre todo cuando vas por un tema de crónica no interesa decir que eres periodista o escritor. Busco estrategias como dar la cámara a unos niños y que me hagan fotos a mí y yo a ellos.
¿Para mimetizarte en el lugar?
No creo que uno pueda mimetizarse ni integrarse en el lugar. En La Boca estuve medio año y siempre fui el español. Hay que buscar formas de acercamiento, que se relaje la otra persona y te cuente lo que siente y no esté pensando en sacarte dinero; porque la relación primaria entre turista y nativo es la económica.
¿Marcas la diferencia entre turista y viajero, el que sigue al rebaño y el que traza su propio camino?
No, a mí me parece que eso es una tontería, una ficción literaria insostenible. Hay personas que hacen un tour de cuatro días superorganizado y que por su sensibilidad e inteligencia son capaces de aprender y empaparse. Tiene que ver con estados de conciencia y con una vida interior.
¿Has hecho tours 'espirituales'?
Esa palabra espiritual no me gusta mucho. De hecho uno de los países a los que no he ido y no tengo ganas de ir por todo este tema es la India. Acabo de estar en el Cusco, y está más insoportable el tema del turismo espiritual. Todo este rollo me da mucho repelos.
¿Cómo buscas no repetir las mismas historias turísticas?
Siempre hay un capital infinito que son los seres humanos. En la crónica literaria no hay cliente, de modo que puedes escribir sobre lo que te da la gana. En la periodística sí hay cliente, y las revistas quieren que hables sobre lo mismo. El grado de originalidad no es importante. Incluso en la National Geographic.
¿Dónde encuentras espacio para publicar lo no convencional?
Publicar lo convencional me permite pagarme el viaje y escribir lo otro. La literatura de viaje la publico en editoriales literarias. Mis dos libros, "La brújula" y "Australia", han salido en una colección de narrativa española de autores jóvenes. Eso me parece importante porque dignifica al género como literario.
¿La crónica de viaje ha alcanzado un lugar preponderante?
En América Latina puede ser que sí en cuanto a prestigio literario, pero en España no. El poder de la crónica es el antitético. Durante muchos siglos la crónica era como una legitimación de un discurso imperialista. Y en el siglo XX se vuelve un contrapoder. Carlos Monsiváis, Juan Villoro, Martín Caparrós y Pedro Lemebel están narrando lo que no hacen los grupos mediáticos.
Muchas veces el cronista se enfrenta a la fugacidad del tiempo.
La fugacidad y el límite y la intensidad son intrínsecos al viaje y no tiene sentido luchar contra eso. Por otro lado, nadie te obliga a escribir y publicar, de modo que puedes volver.
Siempre y cuando tengas los ahorros.
Hay un tema económico. Yo escribo crítica literaria, doy clases de literatura en secundaria y en la universidad. Hago todo. Trabajo 12 horas al día con tal de estar cuatro meses viajando después.
¿Y cuando estás fuera qué es lo que más extrañas?
La proximidad de los amigos, mi biblioteca. Cuando estaba fuera tenía cajas de libros en casas de amigos y de mis padres y me ponía nervioso. La otra vez me compré uno que ya tengo. Esto de no acordarse me inquieta.
¿Olvidarse los libros es un síntoma de desarraigo?
Hay como una lucha constante entre el orden y el desorden, entre la proximidad y la distancia. Muchos libros son como la memoria de viaje, porque en cada lugar que voy compro y envío cajas de libros a casa. Hay como una lucha entre el nomadismo y sedentarismo que se encarna en la biblioteca.
¿Te aterra la idea del trabajo fijo?
Tengo un trabajo fijo con horarios. Ahora me tomo años de licencia o los dos meses de verano. Puedo asumir y dejar. La libertad tiene que ver con eso, cuando puedes renunciar tanto al dinero como al horario, y yo puedo hacerlo.
PERFIL
NOMBRE Jordi Carrión
EDAD 31 años.
PROFESIÓN Escritor y profesor.
PUBLICACIONES Australia. Un viaje (Editorial Berenice, 2008), La piel de La Boca (Libros del Zorzal, 2008), GR-83 (2007), La brújula (Editorial Berenice, 2006), Ene (Editorial Laia Libros, 2001). Es codirector de la revista "Quimera".