Por Jorge Paredes
¿Se puede hacer una sociología del fútbol? Una idea semejante hizo aparecer como un bicho raro a Aldo Panfichi allá por los años setenta cuando pretendía unir sociología y fútbol en las aulas de la Universidad Católica. Más de treinta años después este libro (compuesto por trece ensayos) nos demuestra que la ecuación no era imposible. El fútbol, hoy más que nunca, es un fenómeno social, económico y hasta político que se manifiesta de modo particular en cada país y zona específica. Es el enfrentamiento ordenado de dos bandos, que simula en su concepción a las antiguas guerras territoriales, que exacerba rivalidades y crea identidades como ningún otro deporte moderno. Entonces, la pregunta que impregna todos los ensayos que conforman este libro es de qué manera nuestro fútbol ha puesto de manifiesto la realidad social y ha exhibido los mitos, frustraciones, fantasías y pugnas, que como nación hemos ido acumulando a lo largo del tiempo.
Ese fútbol sin grandes triunfos, como los del país, que ha creado mitos como los de los olímpicos del 36 que Luis Carlos Arias Schereiber en un estupendo ensayo se encarga de develar; o que ha sufrido tragedias, como la sucedida en 1987 al club Alianza Lima, y que prácticamente cerró una década dramática en el Perú. Panfichi y Víctor Vich ponen énfasis en cómo a partir de este hecho traumático se tejieron algunas historias que, en el fondo, expresaban la crisis que vivía la sociedad de entonces: el Estado y la Marina (que en ese momento libraban la guerra contra el terrorismo) vistos como responsables del accidente, los jugadores convertidos en mártires populares, y alrededor leyendas urbanas que hablaban de la existencia de gran cantidad de droga en la nave siniestrada.
Y qué mejor retrato social del Perú contemporáneo que la rivalidad entre Universitario y Alianza Lima que excede la competencia deportiva para instalarse en el imaginario popular como el antiguo enfrentamiento entre "blancos" y "negros", entre jóvenes ricos y obreros pobres. Esto lo explica muy bien Jaime Pulgar Vidal en el ensayo: "A bastonazo limpio: la historia del primer clásico del fútbol peruano". Ese gol existe busca a fin de cuentas entender el país usando el fútbol como catalizador. Entre nosotros, este deporte todavía genera pasión y ese gol aún existe, lástima que no nos lleve a ningún mundial.
EN VITRINA
Haciendas y pueblos de Lima. Historia del valle del Rímac
Se tiende a creer que la historia de Lima se inicia con su fundación en 1535, sin embargo, este valle elegido por Pizarro para ser la sede de la capital del nuevo virreinato ya formaba parte en ese momento de una red de asentamientos y señoríos costeños, un complejo agrourbano, foco productivo, mágico y religioso, que pertenecía a los Taullichusco. Este centro, con la llegada de los españoles, se iría transformando desde el siglo XVI y acogería a diversas reducciones o pueblos indígenas rurales y a distintas haciendas regadas por canales y regadíos -Huatica, Surco-Ate y Maranga-Magdalena-, tierras que a la postre se convertirían en el corazón de la ciudad, tal como la conocemos hoy. De esta transformación trata este minucioso y monumental trabajo de Fernando Flores-Zúñiga, cuyo primer tomo acaba de ser editado por el Congreso de la República. Una capital con un pasado agrario desconocido para la mayoría y pocas veces abordado de manera integral, que nos remite a las localidades de Santa Beatriz, Jesús María, Lince, San Isidro, Orrantia, Lobatón, Santa Cruz, San Borja, Limatambo, Chacarilla del Estanque, Higuereta, Ate, Barbadillo, etc., nombres todos que tienen una historia de cuatro siglos, y que debieron su existencia a las aguas del "río" principal de la ciudad, que no era el Rímac sino el canal Huatica y sus cerca de 25 acequias afluentes. Una ciudad cruzada por canales, llena de sembríos de caña, frutales y huertos, cuya gran preocupación era, además de no morir de sed, mantenerse lo menos inmunda posible.
Intelectuales y poder
Para algunos un verdadero intelectual es el que se mantiene al margen del poder y se enfrenta a sus estrategias y dogmas; para otros lo que define realmente el papel del intelectual en la sociedad es su relación con el poder. Sin ella su aporte es intrascendente. Bajo estas dos perspectivas, del compromiso y del rechazo, se mueven estos ensayos compilados por Carlos Aguirre y Carmen McEvoy que tratan sobre la vasta "simbiótica, conflictiva y cambiante" relación que ha existido (y existe) entre los intelectuales y el poder en América Latina, desde el siglo XVI hacia delante, pasando de la colonia a los álgidos días de la independencia y la formación de los estados-nación.
Ensayos sobre cine moderno
No sabemos si Sebastián Pimentel sea el cinéfago confeso que ha admitido ser Alberto Fuguet, pero su desempeño como filoso crítico de cine en diversas publicaciones lo ha convertido en una voz polémica. En este, su primer libro, se muestra como un acucioso espectador y un fanático del cine, que como todo apasionado, tiene sus amores y fobias. El libro es el examen minucioso de la obra de seis cineastas: Alexander Sokurov, Stanley Kubrick, Armando Robles Godoy, George A. Romero, Clint Eastwood y Michelangelo Antonioni. Como se ve, Pimentel no se circunscribe solo a personajes conocidos o de cierto éxito comercial. Sokurov o Romero, y también Robles Godoy, bien podrían ser señalados como directores de culto, apreciados por un grupo reducido de cinéfilos. Pimentel los aborda de manera transcultural, porque no solo apela al razonamiento puramente estético o a la trayectoria cinematográfica, sino que incorpora el conocimiento literario y hasta antropológico. El libro es útil para el espectador apasionado, pero también para el que busca un referente para entender este complejo mundo moderno que con tanta pasión recoge el cine de hoy. El volumen trae, además, una útil filmografía de los cineastas estudiados. (ESH)