Por Enrique Planas
De vez en cuando vale la pena olvidar a Aristóteles. "No pasa nada", personal montaje de l director Jorge Castro, desafía la tradicional estructura narrativa para contarnos una historia sobre el tiempo perdido, esos momentos en la vida en que uno ha perdido la brújula, en que no existen objetivos claros, cuando, aparentemente, no pasa nada. Y, sin embargo, al cabo de un tiempo la vida siempre termina llevándonos a un lugar diferente, muchas veces sin que sepamos cómo.
De esos retazos casi siempre editados en la película de nuestras vidas nos viene a hablar "No pasa nada", obra estrenada ayer en el Centro Cultural de la Universidad Católica. Es la historia de dos jóvenes abandonados por sus parejas, que deciden escribir una obra teatral apelando a los elementos dispersos de sus propias biografías, sin intentar contar una historia redonda, y en la que se difuminan los limites entre lo real y lo imaginario, entre los mundos del sueño y la vigilia. Jorge Castro define su obra: "Es la reivindicación de 'hueveo'. Juego a un armado dramatúrgico que hace un 'collage' de anécdotas, que oscila entre lo cotidiano, lo onírico y lo imaginado".
"No pasa nada" es también una reflexión sobre el amor, la amistad y la soledad desde una perspectiva masculina. "Las actrices de la obra bromean conmigo diciendo que ellas harán la segunda parte femenina de 'No pasa nada'--comenta divertido el director--". "Es evidente que la obra se coloca desde la mirada masculina, pero no tengo la intención de convertirla en una voz llena de certezas. No intento contraponer las maneras en que hombres y mujeres perciben la vida. Es solo una mirada subjetiva", explica Castro. Sin embargo, el director advierte que la obra resulta también interesante para las mujeres porque les ofrece la oportunidad de ingresar a las conversaciones privadas de los hombres gracias a la fantasía teatral, e incluso asomarse a los reductos típicamente masculinos, desde el bar más impresentable, hasta el urinario más infeccioso.
Y como sucedía en sus montajes anteriores, el espacio juega en la última obra de Castro un rol fundamental. "Trato de utilizar el espacio de una manera que, simbólica y conceptualmente, sirva de entorno a lo que ocurre en escena. Y la idea de un cubo dentro de otro cubo en la obra me habla de la confusión del espacio en que se encuentran los personajes. Si imaginamos tres círculos que representen el sueño, la realidad y la imaginación, podríamos decir que la obra transcurre en el punto en que se interceptan estos tres círculos. A eso llegamos con la escenografía. Me gusta que el espacio genere la ilusión, una magia en la obra", señala.
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Lugar: Teatro CCPUCP. Av. Camino Real 1075, San Isidro. temporada: Hasta el 6 de octubre. Funciones: De jueves a lunes, 8:00 p.m. Entradas: S/.35 y S/.20.