EL APORTE
Por Julio Luque [Ingeniero]
Es indudable que la inflación se ha convertido en un dolor de cabeza para todos. El Gobierno es consciente de que es la principal causa de la alta desaprobación del presidente (el 63% de quienes desaprueban a García menciona como razón el alza de los precios), las amas de casa se irritan cuando comprueban que el presupuesto ya no les alcanza en los mercados y los empresarios se preocupan al ver que el aumento de algunos insumos comienza a deteriorar su márgenes.
También es cierto que hemos manejado el problema mucho mejor que nuestros vecinos. De acuerdo con Consensus Forecast, el Perú tendrá el 2008 la segunda menor inflación de la región, solo más alta que la prevista para México. Sin embargo, sabemos que mal de muchos consuelo de tontos, ya comienzan a aparecer una serie de propuestas para impedir su avance.
Lo que llama la atención es que todas ellas se centran en contener el crecimiento de la demanda para frenar la inflación. El encarecimiento del crédito por parte del BCR y la propuesta del MEF de desacelerar la inversión pública funcionan bajo la lógica de que al tener menos dinero 'persiguiendo' la misma cantidad de productos y servicios se limitará el aumento de los precios. Pero preocupa que estas medidas terminen frenando el despegue económico y, en última instancia, aumenten el descontento social por la ausencia de obras de infraestructura y por la percepción del estancamiento de los ingresos.
Es el momento de pensar en medidas por el lado de la oferta. La mejor medicina para la inflación es la competencia. Como buena parte de nuestra infraestructura productiva está a plena capacidad, la dosis adicional de competencia que necesitamos tendría que venir del exterior. ¿No es este acaso un inmejorable momento para reducir aranceles? Se ha avanzado mucho en los últimos años, incluyendo acuerdos de libre comercio, pero aún tenemos productos pagando entre 9% y 17% para ingresar al país. Más allá de reducir los costos de los productores locales, una considerable rebaja arancelaria generaría, sin duda, un aumento de la oferta y de la competencia.