Por Pedro Canelo
Comenzó con la delicadeza de una balada de moda y terminó con la intensidad de un hombre primitivo perdido en una cancha de juego. Johnnier Montaño reestrenó parábolas y figuras para que nadie le quitara el balón. Avanzó y, antes de que el público le dijera gracias por el show en vivo, propició un tiro libre que pudo pasar inadvertido si no fuera por el paraguayo Diego Martínez.
El paraguayo, conocido por el nada cariñoso apelativo de 'Salvaje', demoró menos de un minuto en tomar el balón, mirar al rival, y convertirse en un verdugo con el rostro descubierto. Rápido y furioso. Como tenía que ser.
El buen 'Salvaje' aprendió a civilizarse con la lección del primer gol. Y es probable que esa convicción por no perder era lo que faltaba en Alianza. El equipo de Páez tenía que ganar para salir de la zona de descenso, y lo consiguió. Fue un tacaño y tímido 1-0 ante el Juan Aurich que multiplicó su valor al revisar la tabla de posiciones. Alianza Lima (41 puntos) dejó al equipo chiclayano empatado en el penúltimo lugar del acumulado con Atlético Minero (ambos con 40 unidades), y ya puede mirar hacia arriba. Recién ahora.
El correcto Richard Páez podría estar seguro de haber encontrado la intensidad dentro de un corazón partido. Alianza Lima ayer peleó la baja con el Juan Aurich y salió airoso explorando su lado 'salvaje'. Los íntimos poblaron su plantel con técnica y bonito toque. Gracias al paraguayo Martínez recién pueden aprender a ganar todo a la fuerza.
Eso sí, no le diga 'Salvaje'. Ni se le ocurra. El zaguero dice que no le gusta, que no quiere dar miedo. Puede estar tranquilo, después de su oportuno gol nadie en La Victoria pensó en su 'alias' antes de correr a darle un abrazo.
RESPIREN HONDO
De todas maneras, si el doctor Páez quiere seguir con su proceso de curación debe darse cuenta de que a sus muchachos aún les falta una dosis de confianza. Ayer, en los minutos finales otra vez se apoderó un miedo escénico (con penal fallado de Quinteros incluido) inexplicable para un once con cinco o seis jugadores de selección.
No fue un triunfo fácil, pero tampoco con alertas rojas. Juan Aurich aparecía ordenado y cumplido en el instante de la marca, pero cuando le tocó atacar (o mejor dicho, contraatacar) se encontró con su grado de definición cero. Es decir, inexistente a la hora de pensar en gol. Ese delantero uruguayo, Marcelo Toya, era solo una ilusión óptica. Más alto que todos, pero no acertó un solo cabezazo. ¿Quién lo trajo?
Juan Aurich ha pasado de un emprendedor Apertura a un Clausura de pesadilla. Ya sumergido en las profundidades de la baja, debe enmendar al paso porque, como tantas otras veces, su paseo por la Primera División puede pecar de fugaz.
El campeonato entrará en receso, y ese respiro será ideal para que Alianza se refresque y ahora, con 12 saludables puntos, comience a creer que se puede. Jugadores tiene, técnico también. Lo más importante pasó ayer. Recuperaron, aunque sea por pocos minutos, el lado aguerrido y la decisión. Ha descubierto que también puede ser un buen salvaje.