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EL OBSERVADOR

Las zonas erróneas

LA MODERNIDAD NOS HA PUESTO UN MOTOR MUY POTENTE, PERO HABRÍA QUE RECONOCER QUE SE HA INSTALADO EN UNA DESVENCIJADA CARRETA

Por Sandro Fuentes [Abogado tributarista]

No es fácil entender que nos aprisionen aún conflictos internos, como la reciente bulla por la titularidad latifundista de las comunidades nativas; un caso jurídicamente insólito donde el derecho de propiedad sobre la tierra se adquiere por la pertenencia a una comunidad y no como en el resto del país, por el esfuerzo individual comprando, intercambiando o poseyendo la tierra.

Grandes esfuerzos colectivos, como el equilibrio fiscal, el control de la inflación, una mayor recaudación tributaria y la desaparición del terrorismo podrían perderse irremediablemente si el Estado no se autocorrige y cumple su rol institucional. También para resolver lo que falta en distribución de riqueza y de oportunidades, seguridad jurídica, institucionalidad, libertad de empresa y de mercado.

Podríamos ahora presentar un país atractivo por su falta de conflictos (reales y serios, como los de Europa Oriental, África meridional y parte de Asia), pero se insiste en mostrarnos como un país inestable, aunque no todos nos ven así. Digo esto porque la presidenta argentina ha cuestionado las conclusiones de un informe del Banco de España, en tanto alude a la precariedad de su país como destino de las inversiones españolas.

En el informe "Mapa de exposición internacional de la economía española" (Banco de España, Documentos Ocasionales N° 807, agosto de 2008), Argentina es considerada, en cuatro de cinco campos analizados, zona de riesgo elevado, tanto como Venezuela, República Dominicana o Camerún, aunque menos riesgosa que Cuba, Bolivia, Ecuador o Irán, de riesgo muy elevado.

El Perú, en cambio, sostiene el informe, es de riesgo moderado, con una calificación que se aplica a los campos comercial, financiero, energético, de activos bancarios y el total de los anteriores, medidos como riesgo e interdependencia de la economía peninsular con el mundo. Participamos, según el regulador español, de un riesgo similar al de Brasil, Colombia, China, Rusia o India, pero no tenemos aun el riesgo reducido de Chile, México o la zona euro. La modernidad económica le ha puesto al país un motor muy potente, pero habría que reconocer que se ha instalado en una desvencijada carreta.

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