Los restos del adolescente de 15 años que murió el pasado viernes de un balazo disparado por un vigilante del INPE, cerca del penal de Piedras Gordas, no pudieron ser enterrados ayer en el cementerio de Ancón, debido a inesperados actos de violencia. Los numerosos pobladores que acompañaban el cortejo fúnebre lanzaron piedras contra el centro penitenciario y bloquearon por cinco horas un tramo de la Panamericana Norte.
Unas 500 personas que acompañaban el féretro del escolar --que falleció en circunstancias aún no esclarecidas-- llegaron a las 4:30 p.m. hasta la entrada del penal para exigir justicia. Tras gritar consignas contra el INPE, la muchedumbre apedreó un ómnibus de la policía y atacó a los agentes que habían llegado para evitar desmanes. El enfrentamiento duró cerca de 30 minutos. Luego la turba bloqueó, con palos y piedras, el kilómetro 39 de la Panamericana Norte, hasta las 10 p.m., lo que originó largas colas de vehículos.
El féretro no pudo ser enterrado pues permaneció en plena carretera hasta esa hora. Luego fue llevado nuevamente a su domicilio. Recién hoy la víctima sería sepultada.
Por la noche, el viceministro de Justicia, Erasmo Reyna, y el jefe del INPE, Leonardo Caparrós, se reunieron con la madre de la víctima, Erlinda Zelaya Ramos (40) y su abogado Mario Guzmán, en una sede policial de Puente Piedra. Allí los funcionarios ofrecieron disculpas por lo ocurrido y se comprometieron a cubrir los gastos del sepelio.
En un comunicado, el INPE anunció que tres agentes penitenciarios involucrados en la muerte del quinceañero fueron separados de sus cargos.
AMIGOS DECLARARON
El Departamento de Investigación Criminal de Puente Piedra tomó las declaraciones a dos de los tres escolares que acompañaban al joven cuando murió. Ellos indicaron que estaban haciendo deporte cuando los vigilantes del INPE les dispararon al cuerpo. Jaime Alarcón, jefe de seguridad del penal, reconoció haber hecho disparos, pero afirma que fueron al aire. Él afirma que los muchachos estaban robando cables eléctricos.