EXPOSICIÓN. "Hanan Punko"
Por Alberto Revoredo
Cuando crecemos cerramos una puerta, guardamos las llaves y nos metemos en una vertiginosa carrera sin sentido. En ese camino de línea recta sorteamos muchas piedras. Pocas veces nos detenemos a verlas, menos aun a tocarlas. La simplicidad de su belleza, sin embargo, nos puede conectar con la naturaleza, mostrándonos una visión cíclica del universo que nos devuelve al pasado y nos pone, nuevamente, frente a ese olvidado pórtico.
El talento de la escultora Pilar Martínez reside en la conexión que logra con este elemento, en su capacidad para leer y descifrar sus mensajes, puliendo y martillando la piedra para hacerlos más comprensibles. Un trabajo que demanda paciencia, abstracción; que implica saber ver, escuchar; y que precisa de un profundo respeto y admiración por el cosmos.
"Mi trabajo con la piedra es como un ritual. La piedra como material siempre está muy cargada, una se da cuenta de que tienen vida, y cuando le digo a la gente que hablo con ellas, no estoy bromeando. Les pido permiso para trabajarlas, es parte del respeto", explica la artista.
Asimétricas, pendulares, sinuosas, cargadas de sensualidad y ritmo, las esculturas de Martínez, aunque estáticas profesan movimiento, generando una nexo con mar y viento. "Son piezas sensitivas, que están más ligadas a la percepción. Y como en la naturaleza, no hay ángulos o cuadrados, todas son curvas, biodinámicas se podría decir", agrega. Así, cada composición ofrece una historia que merece ser escuchada, incluso en sus propios vacíos, y es que estos son parte de la piedra. Dice la escultora citando a Martín Adán: "es como escuchar el viento detenido".
INFLUENCIA ASHÁNINKA
Su ligación a una comunidad Asháninka, en los últimos diecisiete años es algo que definitivamente ha enriquecido su actividad creadora. La convivencia con esta etnia amazónica le ha brindado la tranquilidad, para encontrar esa paz espiritual que ahora emana de su trabajo como el agua de un riachuelo.
"Me había retirado en cierta forma del circuito comercial de galerías, y está muestra salió más como una casualidad. He tenido la oportunidad de trabajar sin presión, sin estrés, y las cosas han fluido. Me gustó el espacio y quería exponer antes de irme a la Polinesia, a donde pienso viajar el próximo año para realizar, luego de muchos esfuerzos, un viaje en bote alrededor del mundo junto a mí esposo", relata Pilar con un brillo en los ojos, emocionada por el periplo
Esta muestra --prosigue Martínez-- no es una despedida, porque pienso regresar, ya que acá están mis piedras, es más como cerrar una etapa. Coincidió además, con el premio que obtuvo en Ayacucho por su kero en plata: "Antiguamente los precolombinos no se enterraban sin un kero, porque era su ofrenda a la divinidad al llegar al más allá", dice la ganadora del Premio Ministro de Energía y Minas. XII Concurso Plata Perú (Ayacucho, 2007).
TRAVESÍA INFINITA
Esta experiencia nos devuelve al punto de partida, al punto de quiebre donde nos hicieron creer que la felicidad radica en la acumulación de cosas materiales. Allí, parados nuevamente frente a esa puerta, Martínez logra colocarnos frente al "Hanan Punko", que no es otra cosa que la entrada que nos conduce al mundo de arriba, a un universo celestial de amplio espectro, por donde pululan las deidades de la mitología inca.
Para la destacada artista, hacer una escultura, sacralizando la piedra, es una forma de conectarse con el cielo y la tierra, algo que los nativos ashánikas logran a través de la ayahuasca. Ello --destaca-- encierra toda un sabiduría y un acercamiento con la naturaleza y la pureza.
En total, Martínez presentará siete piezas en plata y diecisiete trabajadas de piedra, mientras estudia ahora las posibilidades de trabajarlas conjuntamente.