EE.UU. CALMA
NUEVA ORLEANS [EL COMERCIO / AGENCIAS]. Después de la tormenta, la calma se apodera de Nueva Orleans. El huracán Gustav seguía despidiéndose ayer con fuertes chaparrones que tiñen el cielo de gris, mientras en las calles de la ciudad evacuada continuaba sin verse a nadie.
Postes, ramas, chapas y escombros dibujaban un paisaje donde por todas partes se ilumina la luz azul de los carros de policía. Apenas hay electricidad y el viento agita los ciegos semáforos.
La metrópolis surestadounidense, otrora símbolo de vivacidad, parece en estado de shock tras una de las mayores evacuaciones en la historia del país. Sin embargo, no fue tan grave, nada comparado con el devastador huracán Katrina de hace tres años. Y mientras sobre el Océano Atlántico braman nuevas tormentas, cada vez son más los que se preguntan si fue correcto y adecuado que unos dos millones de habitantes de la región abandonaran sus hogares ante la llegada de Gustav.
EL RETORNO
Los evacuados podrán regresar a partir de hoy. Y entonces una ola de frustración y rabia amenaza con inundar Nueva Orleans. Ya se escuchan rumores de que muchos acampan junto a los puntos de control erigidos fuera de la ciudad, con el fin de poder vigilar lo antes posible sus pertenencias.
"Ha sido la acción más exitosa para sembrar el pánico ante un huracán jamás realizada", opina un observador. "Las autoridades querían que la gente desapareciera para después poder darse una palmadita en los hombros", añadió. Pero, pese a la experiencia, el peligro de Gustav se exageró, y el transporte de masas de personas a todos los rincones y lugares fue enfermizo.
Una visión distinta dio el mandatario estadounidense, George W. Bush, al señalar que la reacción ante Gustav fue excelente, pero que aún quedaba mucho por hacer.
Desde un centro de mando de las operaciones de emergencia, Bush dijo que las reparaciones dependerán de que se restaure el servicio eléctrico en grandes zonas de Luisiana.