LAMBAYEQUE. EL SALVADOR DE LA PAVA ALIBLANCA SE FUE, PERO NOS DEJA SU LEGADO
Cada vez que Gustavo del Solar emprendía un viaje al campo se sentía como pez en el agua. En realidad, era su mundo preferido. Aunque ya no está con nosotros, los testimonios de su fructífera vida son temas de largas conversaciones entre sus mejores amigos, como el empresario Giorgio Batistini, quien recuerda que lo conoció hace cuarenta años, una medianoche, cuando el conocido conservacionista y protector de la pava aliblanca discutía con sus trabajadores sobre cómo mejorar su chacra, ubicada en el distrito de Olmos.
"Desde lejos vi una luz en medio del desierto, me di cuenta de que con el transcurrir de los años fue la señal imperecedera de una prolongada amistad", recuerda Batistini, cuya voz se quiebra cuando recuerda al que consideró su mejor amigo y con el que compartió momentos felices, especialmente cuando se trababa de defender la naturaleza.
Giorgio Batistini, Heinz Plenge, Carlos Arribas (sus amigos más entrañables) y cientos de chiclayanos aún recuerdan cuando Del Solar fue el protagonista del redescubrimiento de la pava aliblanca ('Penélope albipennis') especie que fue descrita, por primera vez en 1877, por el naturalista Ladislao Taczanowsky, quien al no encontrarla consideró que se había extinguido de la costa norte del Perú.
En todo momento, Gustavo del Solar Rojas se negó a aceptar esta versión. Utilizando recursos propios, inició la búsqueda de la singular ave en los bosques secos de la región, tal como le recomendó la ornitóloga María Koepcke.
La persistencia de quien también probó los sinsabores de la política nacional dio sus frutos la madrugada del 13 de setiembre de 1977. Ese día, acompañado por el famoso ornitólogo John O'Neill y un grupo de campesinos locales, llegó hasta la quebrada San Isidro (Olmos), donde encontraron sobre la copa de los árboles varios ejemplares de la simbólica ave aliblanca. De este modo, un siglo después, la pava fue redescubierta, cuando se creía que había desaparecido del planeta.
Las siguientes décadas no fueron fáciles para la supervivencia de la pava aliblanca. Del Solar tuvo que apelar a lo mejor de sus habilidades diplomáticas para conseguir apoyo financiero, el que le permitió instalar un zoocriadero en Olmos, al que bautizó como Bárbara D'Achille. Con el respaldo científico del biólogo Víctor Raúl Díaz Montes, allí logró reproducir la especie en cautiverio.
Tan exitoso fue el proyecto, que años más tarde la pava aliblanca fue liberada en su hábitat natural. Para esto se escogieron bellos escenarios naturales, como la reserva privada de Chaparrí (Chongoyape) y las quebradas de los bosques de Laquipampa.
Entre los conservacionistas e intelectuales de Lambayeque, la partida de Gustavo del Solar Rojas es considerada un acontecimiento lamentable; sin embargo, creen que su legado perdurará en el tiempo mientras en los bosques secos vuele un ejemplar de la pava aliblanca.