Por Beatriz Boza
Dicen que uno ve el vaso medio lleno o medio vacío dependiendo de si es optimista o pesimista. El hecho es el mismo pero la relación que uno establece es diferente. El pesimista se lamenta y siente la escasez del "vaso que se acaba". El optimista ve con ilusión su siguiente sorbo. La relación de la persona con el hecho define su registro emocional y, con ello, condiciona su actitud futura.
Algo parecido ocurre con el relato de la historia. Para algunos, 1532 marca la victoriosa conquista de un puñado de españoles sobre el Incanato, para otros, la debacle de un imperio que se debatía en una pugna interna entre Huáscar y Atahualpa, y para otros, el encuentro de dos mundos. Depende desde qué perspectiva se quiere ver la historia. Quizás fue una combinación de todo lo anterior. Pero sea cual sea la "historia oficial", Huáscar y Atahualpa estaban en pugna, llegaron 13 hombres blancos a caballo, el oro y la plata del Perú cambiaron la economía europea, y nuestra papa ha conquistado el mundo. La historia oficial no llega a capturar toda esa memoria, porque cuando la escriben los vencedores, no refleja lo que sucedía con los vencidos, a quienes margina e incluso desprecia, poniéndolos en una condición que impide entender, recordar y construir en base a lo sucedido. Quizás ello explique en parte nuestra débil autoestima.
La polémica desatada alrededor de los textos escolares nos plantea cómo nos vinculamos hoy con nuestra propia memoria de lo ocurrido en el país desde los setenta. ¿Fueron incidentes de abigeos del Ande, brotes subversivos, ataques terroristas o vivimos una guerra interna? Quizás algunos quieran ver en ello la victoria de las fuerzas del orden sobre la barbarie senderista, ofreciéndonos así sosiego y protección. Otros verán el desenlace de una guerra interna buscando entender las condiciones que nos llevaron a ese enfrentamiento. Condenando enérgicamente la barbarie y toda forma de violencia, toca entender lo que pasó y cómo nos afecta como sociedad. ¿Fue la locura, oratoria y estrategia de un solo hombre que desde Huamanga decide declararle la guerra al país o la frustración, postergación y pobreza de miles que gestó condiciones propicias para la subversión? Entender esto último fue precisamente lo que llevó al cambio de enfoque en la lucha antisubversiva y a la captura de Abimael, marcando el inicio de la pacificación del país.
Para comprender cómo se desarrolló la Conquista, es necesario entender la crisis interna que vivía el Incanato. Tomar conciencia de la realidad que nos llevó a la violencia senderista es el mejor antídoto para evitar que ese capítulo de nuestra historia se repita. Ahora que gozamos de estabilidad y paz, debemos reflexionar para tratar de entender y para escribir juntos una historia del Perú que incluya a la mayoría, porque la memoria es de todos.