Por Fernando Vivas. Periodista
Fue insoportable oír al recién liberado Víctor Joy Way, preso seis años por delito de defraudación tributaria, declarar sobre sus ganas de rehacer su vida sin mostrar arrepentimiento. Dijo que de ahora en adelante quería hacer el bien, pero no admitió cuánto mal nos había hecho.
Fue el más perverso primer ministro de todos los gabinetes de la última fase del fujimorismo. Ha sido absuelto de asociación ilícita, pero todos lo vimos hermanado con Montesinos en más de un vladivideo, ayudándolo a comprar el alma de los dueños de canales. Y sabemos, por varios testimonios, que también lo ayudó en el plan de comprar congresistas.
Sabía muy bien, Joy Way, que la mafia política de la que era ilustre miembro, necesitaba mayoría parlamentaria a cualquier precio, pero además sabía --pues su perversión política era de campeonato-- que controlar la pantalla era la vía más expedita para inocular en el país la más venenosa de las ideas: que la democracia no sirve para nada y los poderosos, mientras resuelven las urgencias del país, tienen la prerrogativa de hacer lo que les dé la gana y más les vale a los ciudadanos aprender a ser astutos como ellos. Ese era el contenido implícito en el esquema de la célebre pizarra ante la cual se le pescó disertando sobre manipulación mediática.
No cayó por este monstruoso crimen político, pues trascendía a las tipificaciones del Código Penal, sino por sus negociados con proveedores chinos. Se corrompió él, corrompió a su mujer Lilia Troncoso, quien recibió cuatro años de prisión suspendida y confirmó a Huánuco, su región, como una de las menos transparentes.
¿Por qué el país no puede arrancar mea culpa a individuos como este? Intentaré algunas respuestas: Porque se la pasan en prisión --Castro Castro en el caso de Joy Way-- con la promesa de un recorte de pena, de un favor político, de una triquiñuela o coima judicial con éxito. Y una de estas promesas, sino todas juntas, se habrá cumplido cuando lo liberaron antes de cumplir sus ocho años de condena. Seis de ocho puede tolerarse como beneficio por buena conducta, vaya y pase, pero Joy Way solo ha pagado una parte de la reparación de 10 millones de soles que se le ordenó.
Porque la familia es una apañadora que hace lo imposible por sacarlos de prisión y convencerlos de que no han hecho una barbaridad. Porque hay terceros que opinan que es justificable que una familia se comporte así. ¡Pamplinas! Por pensar así tenemos a Keiko Fujimori con intención de voto.
Porque, como los malos de película, tienen millones en un banco remoto, que les permitirá vivir de sus rentas si se les cierran las puertas de los círculos serios. De hecho, a Joy Way lo investiga la fiscalía austríaca porque su agente Alfred Dauber, un sujeto de turbios antecedentes financieros, ha hecho movimientos de hasta tres millones de euros en sus cuentas del Bank Austria. Que el Estado dé cuenta de las impunidades, nosotros debemos bregar por los arrepentimientos.