Por José Quezada Machiavello
El estreno de la versión de "Tosca", de Giacomo Puccini, que es el título operático que este año presenta la Asociación Romanza, se realizó el 30 de agosto en el teatro Segura. Un meritorio esfuerzo con resultados en general bastante buenos y plausibles.
Esta gran ópera de Puccini se basa en un libreto verista ambientado en la república romana controlada por los Habsburgo en 1800, como parte de las guerras napoleónicas. El amor apasionado entre el pintor Mario Cavaradosi y la cantante Fioria Tosca contra el deseo abusivo y corrupto del barón Scarpia, un vil jefe de policía de la república, que no escatima utilizar su poder y el terror para intentar satisfacer sus deseos por la cantante, quien confundida por sus celos es llevada a delatar a un rebelde y, por ende, a que su amante sea condenado a muerte por Scarpia.
Puccini, de quien este año se conmemora el aniversario 150 de su nacimiento, es el representante por excelencia de la ópera verista italiana: melodrama directo y efectivo, teatro del sentimiento, que expone el pathos de sus personajes de manera sumamente intensa, sostenido por exuberantes y apasionadas melodías, con una armonía cercana ya al primer modernismo y una orquestación notable, como los mejores sinfonistas de su tiempo.
Bajo todo punto de vista, lo mejor en la función de estreno fue el notable Scarpia del barítono Giuseppe Altomare. Excelente en cualquier parte del mundo, tanto por su magnífica voz, adecuada sin duda al papel, como por su convincente construcción del nefasto jefe policíaco, rol emblemático de la cuerda, sumamente exigente. La Tosca de María Pía Ionata fue muy buena, con voz cálida y potente y frases verdaderamente preciosas por su manejo de la dinámica y la expresión dramática. El tenor Francesco Petrozzi dio como Cavaradosi lo mejor que tiene, aunque el papel lo sobreexige. Pero su convicción y presencia de ánimo hicieron posible que saliera al menos airoso del reto, si bien no llegó al nivel de Ionata y Altomare.
Los comprimarios muy bien, especialmente el Angelotti de José Sacín y el Sacrestano de Xavier Hernández. También los coros. La orquesta sonó muy correcta bajo la solvente dirección del maestro Enrique Ricci, estupendo acompañante de gran oficio.
La producción de Romanza --limitada por cierto por el reducido escenario-- resultó además conservadora en lo escénico, pero bastante correcta, no obstante, bajo la regia de Vivien Hewit, quien es precisamente una especialista en Puccini. Algunos detalles pudieron realizarse mejor. Un tanto inapropiado --inusual ya en los montajes contemporáneos-- fue que Cavaradosi se desplazara hacia el centro de la escena para cantar sus arias, como si se tratara de un recital. Asimismo, la interrupción deliberada de la secuencia dramática en la famosa "E luce van le stelle" para facilitar los aplausos del público.
Esta producción de Tosca tiene doble elenco en algunos roles. Así, alterna con Petrozzi, como Cavaradosi, el tenor peruano Andrés Veramendi, que tiene la voz bastante adecuada para ese papel y se va superando bastante en lo musical. Están también la soprano argentina Mariela Schemper como Tosca y el barítono chileno-cubano Homero Pérez Miranda como Scarpia, cantantes de reconocida trayectoria.