LA ALEGRÍA DE VIVIR. DON WILSON Y DON CARLOS TIENEN MÁS DE 70 AÑOS, PERO ESTÁN LLENOS DE OPTIMISMO Y DE RETOS
El humor picante y contagiante de don Wilson y don Carlos debe ser el arma secreta que estos dos personajes usan para ahuyentar los males del alma... naque, como llamaba un doctor a los achaques de los años. Conocerlos es entrar a un concierto de risas y bromas que los hacen parecer como dos amigos del alma, a pesar de haberse conocido hace poco, a raíz de un concurso.
Su facilidad para la 'chacota', sin embargo, no quiere decir que no se tomen la vida en serio, sino más bien, que es esa energía vital la que los lleva a plantearse planes de vida, aunque algunos crean que a sus 73 y 79 años ya deberían estar pensando en tomar una cobija y ver pasar la vida y engreír a los nietos.
Por ejemplo, Wilson Bernal Carranza, a sus 73 años, tiene planes de exportar la deliciosa miel de abeja que produce en su querida Bagua. Ha organizado a los apicultores de su zona para poder ofrecer su producto.
"Pon en tu entrevista que nuestra miel es la mejor", nos dice mientras nos cuenta que desde niño estuvo en medio de las abejas y las conoce tanto como a su hijo abogado, que lo acompaña en la entrevista. De lo único que se lamenta es que en su familia nadie quiere seguir con el negocio.
Muy diferente es el caso de Carlos Ponce Castro, de 79 años y natural de Trujillo, quien ha hecho de la artesanía en madera un negocio rentable y una escuela en la que participa hasta su nieta María José.
Él empezó como ebanista, pero su vena artística lo llevó a especializarse en el tallado en madera. La caoba y el cedro son sus mejores materias primas para plasmar una serie de imágenes religiosas y hermosos balcones que llevan su firma y que sirven para dar vida a la fe en decenas de iglesias en nuestro país. "Ahora mi familia se prepara para poner nuestros productos en el extranjero y nos disponemos a mostrar nuestras obras en Internet", dice mientras es observado por su orgullosa esposa.
Tanta seriedad los abruma y por eso es que tras una serie de anécdotas, recién se animan a contar cómo es que fueron ubicados para participar en el concurso que premiaba a los adultos mayores emprendedores organizado por AFP Prima.
"Mi hijo se enteró del concurso por Internet y me animó a inscribirme", dice Wilson Bernal, mirando a su vástago que huyó de los aguijones de las abejas para dedicarse a estudiar leyes".
Carlos Ponce contó una historia similar, pero lo más importante es que ambos realmente se sienten ganadores desde antes del concurso y la vitalidad que irradian es un ejemplo para otros que a su edad ya piensan en el retiro.