MÉXICO. La lucha libre de colores satinados, máscaras y nombres rimbombantes es una marca registrada de México, tan legítima como las rancheras.
Hace 75 años, Antonio Martínez usó piel de cabra para hacer por primera vez una máscara para un luchador, el estadounidense 'Ciclón McCaine', y desde entonces la máscara se convirtió en un símbolo. Hoy se hacen 17 modelos con medidas basadas en diferentes rostros, el material de confección se mejoró (hay telas que evitan la sudoración excesiva) y se amplió la venta a zapatillas, camisetas, cinturones y hasta muñecos.
Deportes Martínez tiene una tienda frente a la Arena México --mítico lugar de combate-- y cuenta con distribuidores que llevan sus productos a Alemania, Japón, Suiza, Bélgica, entre otros.
Su proyección es utilizar la patente de la máscara y la licencia del Consejo Mundial de Lucha Libre para industrializar su producción. De hecho, la máscara es su producto estrella, pues genera el 60% de sus ventas. Cada una cuesta entre 675 y 1.500 pesos.
Mauricio Martínez, nieto de Antonio y hoy el principal diseñador de las máscaras, dice que su empresa hace juguetes para niños grandes. Ellos gastan sin pedir permiso.
Tomado de www.mtzwear.com.