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El regreso

CONTRA TODO PRONÓSTICO, BRITNEY SPEARS SE CONVIRTIÓ EN LA GRAN TRIUNFADORA DE LA ENTREGA DE LOS PREMIOS MTV

Por Raúl Cachay A.

Después del papelón del año pasado, cuando una Britney Spears fofa y poco coordinada se presentó en vivo en la ceremonia de entrega de los premios MTV y estimuló el escarnio del mundo entero, muchos dudaban de que la 'Princesa del Pop' estaría en condiciones de recuperar su lugar de privilegio en la industria discográfica, que era ya una suerte de cadáver artístico, una especie de versión femenina del alucinado descalabro de otro miembro de la nobleza caído en desgracia, el inefable Rey del Pop, Michael Jackson.

Pero lo que ocurrió la noche del domingo confirmó que Spears, más allá de líos judiciales, caóticas salidas nocturnas, adiposidades excesivas y demás escándalos, sigue siendo toda una estrella en los inciertos confines de la música pop contemporánea.

En la velada de los MTV Video Music Awards --tan soporífera como la del año pasado en Las Vegas, aunque mucho menos anárquica-- realizada en los estudios Paramount de Los Ángeles, la muy vapuleada artista fue, contra todo pronóstico, la última en reír: se llevó nada menos que tres estatuillas, mejor video femenino, mejor video pop y video del año, por el sencillo "Piece of Me", que forma parte de "Blackout", su notable álbum del año pasado.

Fue, claro, una estrategia perfectamente planificada por los estrategas publicitarios de MTV: si el año pasado todo el mundo habló de la entrega de estos premios por las aberraciones coreográficas de Spears, no era descabellado imaginar que un regreso triunfal de la cantante en la edición del 2008 conseguiría que los niveles de sintonía del espectáculo se disparasen. Y seguramente así fue: porque, al revisar periódicos y portales de Internet ayer por la mañana, pocos reparaban en los triunfos de actos tan anodinos como Tokyo Hotel, Chris Brown, Limp Bizkit o las Pussycat Dolls en sus respectivas categorías. Todo era Britney. Y casi en todas las imágenes de la ceremonia su sonrisa, amplia y generosa, resplandecía como el máximo testimonio de esta inesperada resurrección artística. A los 26 años, la princesa quiere demostrar que todavía puede seguir siendo la más dotada heredera del cetro que algún día, quizás en dos o tres décadas, dejará vacante la interminable Madonna.

Más información:
El turno de las mujeres

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