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Extremo control en Huaquillas genera mercado negro en pueblos de la frontera

Venta clandestina de combustible encarece su precio. Producto sigue cruzando hacia el Perú

Por: Juan Vargas |

Cuando el Gobierno Ecuatoriano se dio cuenta en el 2007 que perdía unos 200 millones de dólares anuales por el contrabando de combustible hacia el Perú y Colombia, aplicó una serie de medidas para cortar las rutas de abastecimiento de los delincuentes. Sin embargo, lo hizo de una forma tal que terminó creando un mercado negro en los pueblos de sus fronteras.

En la actualidad, la venta de combustibles en Huaquillas, poblado ecuatoriano ubicado en el límite fronterizo con el Perú, es controlada por las Fuerzas Armadas que cuenta con personal permanente en todas las estaciones de servicio, según pudo comprobar El Comercio. Hay grifos distintos para camiones, automóviles particulares, taxis y motos, y cada vehículo tiene asignada una cuota diaria de combustible. La flota pesquera también tiene asignado un monto fijo de consumo diario.

"A los taxis no nos dejan echar más de 15 dólares (la moneda ecuatoriana) al día y a los particulares no más de 5 al día", refiere un taxista que para evitarse problemas solo dijo que se apellidaba Miñán.

El control al milímetro que aplican los militares en los cantones o distritos de Huaquillas, La Arenilla y Santa Rosa es rechazado por la población local que siente sus efectos, pues con frecuencia la cuota diaria no alcanza y entonces los ecuatorianos tienen que recurrir al mercado negro.

Conforme la restricción se ha hecho más dura, han aparecido en los barrios más alejados de Huaquillas, informales que venden gasolina en botellas de gaseosas, tal como los que viven en Tumbes. Cada botella de gasolina súper (equivalente a la de 90 octanos) se vende a un dólar, es decir, que el galón costaría unos 4 dólares, 1,81 dólares más que el precio oficial en un grifo.

Ese es el costo diario que deben pagar los ecuatorianos por el contrabando. Y lo peor es que la salida de combustible no se ha detenido por completo. "Es solo una tapadera, una falsedad. Nos controlan a nosotros pero no detienen a quienes pasan las grandes cantidades. A la frontera sigue llegando el combustible y por el puerto se embarcan grandes cantidades", se queja Miñán.

Aunque Ecuador es un exportador de petróleo, debe importar sus derivados como gasolina y diésel, productos que subsidia para beneficiar a la población. El problema es que lo hace a precios tan bajos que es un buen negocio tratar de llevarlo al Perú y a Colombia.

Según reportes de la prensa ecuatoriana, el Ministerio de Petróleos reportó a inicios de año un crecimiento de 21% en las importaciones de derivados del petróleo, gran parte del cual estaría destinada a proveer a las mafias de contrabandistas. A pesar de ello, no se tiene previsto eliminar o disminuir el subsidio a los combustibles.

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