Entrevista ROSA LUZ MUÑANTE
"Nada me deprime, nada me tumba"
Le diagnosticaron un mal degenerativo, respondió convirtiéndose en microempresaria. El sismo de 7,9 grados frenó su crecimiento, abrió en un mercado mayor. A ella, los males le hacen bien
Por Antonio Orjeda. Enviado especial
Rosa Luz Muñante tiene lupus. Otrora chica full deportes, desde el 2005 se vale de un andador para caminar. En unos días le pondrán una prótesis de titanio en una cadera (ya habrá momento para que procedan en la otra). "Voy a ser la mujer biónica", sonríe. Así es Rosa Luz. El sismo de 7,9 grados paralizó a Evolution Sport, su marca de ropa para gimnasios. Rosa Luz vivía entonces en Pisco, ella además se hace cargo de su hijo de 10 años. Si una maldita enfermedad no la había frenado, menos lo iba a hacer un terremoto que mató a más de medio millar.
Su empresa estaba por cumplir dos años, estaba rompiendo en el mercado cuando arrancó el terremoto. ¿Qué pasó por su mente? Pensé que se acababa el mundo, que todos se iban a ir y que Pisco iba a dejar de existir... Tenía la sensación de que vendría algo peor. Cada cinco, diez minutos, había un nuevo temblor.
Su prioridad fue...
¡Salir! No pensé en nada más. No pasaron por mi mente ni mis máquinas ni nada. Los chicos de la Fundación (de la Gente, del Banco de Trabajo), preocupados, me comenzaron a llamar. Yo no quería contestar el teléfono. Todos estábamos afuera. Nadie quería volver a entrar (a sus casas, por temor a que estas se desplomaran con ellos dentro)... Dormíamos en la calle.
Además, así las cosas, lo que menos podía ocurrírsele a alguien era ir a comprar ropa deportiva.
Ni siquiera trabajar... Yo no pensaba en nada, ni en que mi hijo tenía que ir al colegio, ni en que tenía que tomar mis medicinas. Porque yo tomo medicinas a diario.
Detalles importantes, porque no solo fue afectada su empresa, usted tiene un hijo en edad escolar y además sufre una enfermedad degenerativa. En esas circunstancias, respecto del resto, ¿no pensó que su caso era peor?No. Yo me veía igual que todo el mundo. Más bien daba gracias porque nos habíamos salvado. Lo único que importaba era que estábamos vivos. Ese era un punto favorable para una nueva partida.
¿Cuánto tiempo le tomó empezar de nuevo? Dos o tres meses.
Mientras, ¿de qué vivieron usted y su hijo? Tenía stock. Los chicos de la fundación enviaron mi ropa a Lima y mi mamá envió otra parte a Pucallpa. Tenía bastante ropa, así que la empecé a vender allá.
¿Por qué partió a Pucallpa? Porque allá tengo dos hermanos. Mi papá además estaba hospitalizado --por una enfermedad grave--, y mamá estaba con él. Ella no podía estar con nosotros.
Allá se encontró con una amiga de la Fundación de la Gente.
Sí. Hicimos un desfile. Ella lo organizó para que yo promocionase mi ropa. Además me mandó a hacer 200 polos. Yo tenía que ver cómo hacía, porque no contaba con mis máquinas... En un momento pensé en trasladarlas allá, pero no estaba convencida de quedarme a vivir en Pucallpa.
Sus máquinas seguían en Pisco.
Arrumadas, nadie les había pasado siquiera un trapito. Nadie quería regresar.
¿No temía que se las robaran?No. Hasta el primer mes, no pensé en trabajar.
Usted se fue para olvidarMe fui sin nada. No llevé ni ropa.
Necesitaba reaccionar.Vencer el temor.
Esa amiga le devolvió el ánimo.Sí, porque ella me decía: "¡Vamos a hacer esto!". Pero yo estaba sin ganas, pese a que no soy de las personas que se deprimen. Yo soy de las pausadas, de las que piensan un poco más lento. Pero ella prácticamente me forzó (ríe)... Mi hermana también me ayudó, les pasó la voz a sus amigas. Así comencé a vender en uno, otro lado. Comencé a visitar gimnasios...
Debía parecerles raro que una persona en andador llegase para ofrecerles ropa deportiva.
Sí, es complicado. Aunque la gente ya se acostumbró, y ya se acostumbró porque yo ya me acostumbré a verme así. Para mí, es lo más normal.
A tal punto que le ha puesto un sobrenombre a su andador.
Yo digo que es mi pareja o mi burrito (ríe)...
Cuando decidió regresar, lo hizo a Ica, no a Pisco. ¿Por qué? Porque mi mamá estaba acá --a nosotros las enfermedades nos persiguen: la suegra de mi hermano estaba mal--, ella estaba cuidando a mis sobrinos. Mi papá ya estaba mejor.
Venir a Ica entonces no fue una decisión estratégica. No. Y a Pisco no podíamos regresar porque la casa era un desastre. Hace cuatro meses recién lo hemos arreglado todo.
En Ica se encontró con un mercado más grande. Claro, llamé a mi clienta de acá y, "ya, bacán, necesito la ropa". Es que yo trabajo con un material que aún no estaban empleando las marcas más conocidas de acá. Y comencé a confeccionar. Yo solita. No había nadie más. Tampoco podía buscar nuevos mercados, no había quién lo hiciera. Pero empecé a tantear: iba, les planteaba darles a consignación --a la gente le encanta eso--, les decía que les iba a armar toda la tienda, que les iba a poner los maniquíes, ¡todo! "Ya, bacán, ¡cuándo me los traes!". ¿Cuándo me los traes? ¡Si no tenía ropa! Igual, les decía: "En semana y media".
Hoy exporta a Bolivia. ¿Cómo?Siempre he tenido mis contactos. Yo viví muchos años allá (12 años), y tenía una clienta potencial muy fuerte. La llamé. Me preguntó qué había sido de mí, le conté; me dijo que necesitaba mi ropa ¡urgente! Le mandé. Primero, para su uso. Ella tiene un gimnasio hermoso, y tenía previsto poner una boutique. Mi siguiente envío fue ya para que lo vendiera. Y así, hasta ahora.
Hoy, además, es profesora en un instituto de educación técnica.
Es que a raíz de que me quedé sin personal, recurrí a la fundación. Les dije cuál era mi problema. Me plantearon buscar un instituto e identificar a gente para capacitarla. Es que aquí te enseñan a hacer blusas y pantalones, pero no a trabajar con lycra. "Capacítalos tú, invierte tu tiempo; ese además va a ser tu tema de responsabilidad social", me dijeron. Fui y hablé con la directora. Les hice un piloto. Di primero una clase de motivación: les conté por lo que había pasado, también qué era lo que yo necesitaba: gente que aprenda, que se comprometa a trabajar para así crecer juntos. Porque yo no me quiero quedar en algo chiquito... Empezamos, y como el instituto no tiene las máquinas que yo tengo, los traje a mi taller. Porque lo que ellos necesitaban era malograr para aprender. Hicimos el primer piloto con ocho chicos. De ellos, se han quedado dos.
Trabajaba en Pisco, ahora está en un mercado mayor, incluso está exportando. Usted era solo una empresaria, hoy además ejerce la docencia... El terremoto le ha hecho bien, ¿no? Sí.
La obligó a crecer. Me ha ayudado. A raíz de que vinimos, vi que este es un mercado con mayor poder adquisitivo. Hemos mejorado, he conseguido personal más comprometido, ¡ahora tengo más aspiraciones! Quiero poner una tienda propia, porque este podrá ser un mercado pequeño, no como Lima, pero es uno en el que puedo ser la reina ¡yo! Esa es mi aspiración... Pero no dejo Pisco. Allá ya hice mi clientela, que todo el tiempo me llama y quiere mi ropa que ahora tiene mejor calidad y, por tanto, mayor costo. Y ellas la aceptan.
Claro, porque usted se hizo conocida en Pisco por ofrecer ropa que, prácticamente, era diseñada por sus clientas.Empecé con esa estrategia porque pensé: "¿Cómo voy a vencer (a las otras marcas) si ya están años?". Al principio, cuando iba a los gimnasios, me rechazaban. Por eso abrí la tienda y dije: "Voy a venderles lo que ellas quieran". Entonces, descosíamos y volvíamos a coser diez veces, perdíamos, pero ellas se iban felices. Me decían: "Acá tengo mucho rollo, súbeme esta parte"... Así ganamos clientela, los gimnasios dejaron de vender ropa porque nosotros confeccionábamos: ellos solo revendían.
Estaba en pleno crecimiento cuando ocurrió el terremoto.
Sí.
Cuando eso pasa, muchos lloran y estiran la mano. Usted, no. No. Uno, porque --por mi enfermedad-- no tengo lágrimas (ríe); además, no tengo la costumbre de llorar. Dos, después de mi enfermedad, sé que puedo superar cualquier cosa. Nada me deprime, nada me tumba. No hay cosa peor que me pueda pasar... Aunque enfermarme también me benefició.
¿Cómo así? Me hizo abrir mi negocio. Ahora manejo mi tiempo, veo a mi hijo cuando quiero...
O sea que a usted los problemas le hacen bien.Sí (ríe)...
LA FICHA
Nombre: Rosa Luz Muñante Meneses
Colegio: La primaria en el nacional María del Rosario. La secundaria la inició en el Bandera del Perú y la concluyó en el Jorge Basadre, todos en Pisco.
Estudios: Administradora de la Universidad San Simón con tres posgrados de la Universidad Nur, ambas en Bolivia.
Edad: 36 años
Cargo: Propietaria y gerenta general de Evolution Sport.