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LAS ENCUESTAS Y EL SENTIR CIUDADANO

Cuatro palabras

Por Luis Solari de la Fuente. Ex primer ministro

Dos circunstancias, en la política peruana y estadounidense, han producido un giro en las relaciones entre la ciudadanía y el poder político.

La primera es la abrupta caída de 15 puntos en la popularidad presidencial en Lima, según la encuesta de la Universidad de Lima. Inmediatamente se ha dicho que es por la persistente alza de los precios en los mercados, que siendo la primera causa de desaprobación en la encuesta, esta no tiene cifras comparativas con meses precedentes. Sin embargo, en las encuestas Ipsos Apoyo de El Comercio, aunque también aparece la misma primera causa de desaprobación, esta se redujo de julio a agosto.

Hay otras razones para la brusca caída. Por sectores sociales y por sexo, el bajón es más o menos homogéneo; pero, al revisar los grupos etarios, se observa una pérdida de 21,3 puntos en el grupo de 18 a 27 años. Podría haber impactado el fiestón en palacio por el Día de la Juventud en plena semana de aniversario del sismo sureño.

Como señalé en artículos anteriores, la desaprobación se ha estructurado territorialmente y su base social se ha ensanchado. Ahora, se ha agregado un sentimiento de identidad entre ciudadanos, familias y grupos insatisfechos, que desaprueban un hecho aunque no les afecte directamente.

Un ejemplo es el caso de los decretos legislativos sobre disposición de tierras de las comunidades que, por más explicaciones que se den, no deja de tener aroma de intereses. Recordemos que un insatisfecho por la democracia siempre tenderá a identificarse con el débil. Una vez iniciado el trasvase por identidad, comienza a suceder lo de la canción: digan lo que digan, no solo no creen los afectados, sino tampoco los no afectados.

En un escenario tal, los hechos negativos atraerán la atención mucho más que los positivos. Recordemos algunos hechos del lapso entre encuestas. Un discurso de Fiestas Patrias con ruido y pocas nueces, que era obvio tendría poco impacto en las encuestas; un entendimiento con el pasado, para retener la Mesa Directiva del Congreso (sobre el que ninguna encuesta ha preguntado ¡qué raro!); un parlamentario pollero con extraña suerte para colocar hijos en el Ejecutivo, que la gente lee: prebendas por votos; nombramiento de un funcionario ultracuestionado y una ministra que lo defiende a capa y espada, mientras la misma encuesta muestra rechazo de 80,6 (en el sector E, de 100%).

De otro lado, en Estados Unidos, la designación de Sarah Palin como candidata a la vicepresidencia de McCain en las elecciones estadounidenses ya dio un giro a esa campaña. Las encuestas, que favorecían a Obama después de su confirmación como candidato, ahora favorecen a McCain: USA Today/Gallup +10, Gallup (diaria) +5, CBS y ABC +2, y Rasmussen, CNN y Hotline/FD empatados. Hay que resaltar que en esta última, cuatro días antes Obama ganaba por 6 puntos.

Vemos la consecuencia de dos decisiones contrapuestas: el candidato que proclamaba el cambio, Obama, presentó como candidato a la vicepresidencia a Joseph Biden, 21 años mayor que Palin y senador durante 35 años, que más bien representa al establishment de Washington y al poder convencional entre los demócratas, siendo Obama del poder emergente; ¿negociación equivocada? Mientras, McCain presentó a Palin que, aunque novel, representa más cambio que Biden; a pesar de las críticas por sus valores tradicionales, las encuestas demuestran que por ahora McCain le quitó la candidatura del cambio a Obama.

Dos países, dos circunstancias, dos giros, dos ciudadanías sensibles con una misma actitud: si te equivocas te digo cuatro palabras, como en un famoso bolero del desamor: "Ya no te quiero".

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