Por Abelardo Sánchez León
Después del partido contra Venezuela, el jugador Rainer Torres envió un mensaje a la nación: "Los que vinieron a alentarnos son peruanos de verdad, vinieron pese a todo y espero que vengan más ante Argentina". Siempre me ha intrigado la división que existe, entre nosotros, de un Perú de verdad y otro oficial, uno profundo y otro superficial. ¿Quiénes serían los peruanos de verdad? Imagino que son los correctos ciudadanos que no le mienten a la Sunat, que respetan las leyes y desarrollan un espíritu generoso y tolerante. ¿Fujimori y Joy Way son peruanos de verdad? No lo creo. ¿Los militares que vendieron su alma a Montesinos? ¿Los futbolistas comprometidos en la juerga antes del cotejo contra Ecuador? Vayamos, entonces, por partes.
La ciudadanía le ha perdido confianza y respeto a la selección de fútbol. Piensa que los jugadores no se entregan en el terreno de juego, que no viven la camiseta nacional. A esta consideración de fondo podemos añadir otra más mundana: el espectáculo que brindan es pobre y resulta caro para gran parte de los bolsillos de la gente; su juego, además, no gusta y el funcionamiento del equipo es errante debido a la improvisación de los dirigentes y del comando técnico.
En el mundo mercantil de hoy los futbolistas se comportan con la lógica de costo y beneficio. ¿Quién paga más, se preguntarán, la Federación Peruana de Fútbol o los clubes europeos donde militan? ¿Qué tendrá más valor para Farfán, la camiseta del Schalke 04 o la peruana? ¿Paolo Guerrero ha evaluado su desatino con el árbitro chileno, la vez aquella que lo expulsó por insultarlo y lo privó de jugar un largo tramo que falta de las Eliminatorias?
¿Quien no asiste a la exposición de un pintor, quien no compra el libro de un poeta, quien no frecuenta el Ballet Municipal, quien no apoya a la selección de vóley de menores no sería un peruano de verdad? Los jugadores de la selección de fútbol deben demostrarle a la gente, al público, a los que pagan su boleto, que son dignos de respeto. Chile, por ejemplo, fue goleado por Brasil y, sin embargo, se fue entre aplausos. Colombia fue derrotada ante Uruguay y el público mantuvo un solemne silencio. No se trata de que el público peruano vaya al estadio y pifie a su selección. No hay razón para temer una conducta semejante, pero lo hará si los jugadores se tienen bronca entre sí y anteponen sus intereses personales a los del país. Vivimos novedosos tiempos neoliberales y existen peruanos con dos pasaportes, peruanos que son pedidos por sus familiares en Estados Unidos, incluso hemos tenido un presidente nacido en otro país, pero también los hay críticos con su selección de fútbol. Si juegan con dignidad ante Argentina tendrán el respaldo del país.