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¿Quién pierde la perspectiva: Toledo o el Gobierno?

Por: Juan Paredes Castro |

El ex presidente Alejandro Toledo y el Gobierno han demostrado su fácil tendencia a flagelarse mutuamente, sobre la base de un error compartido: su total falta de perspectiva de la realidad y de la política, a la hora de la crítica y la polémica.

Cada vez que visita el Perú, Toledo, que se mueve, según él, por el mundo entero, apela a la tribuna de su partido, Perú Posible, para emplazar políticamente al Gobierno. Lo hace, irónicamente, perdiendo ciertos contextos internacionales claves, como la incidencia del precio del petróleo y otras materias primas en la inflación interna, y con datos muy pobres y generales sobre lo que realmente pasa en las provincias y distritos del Perú, para los que pide una mayor inclusión económica y social, sin que él tampoco los visite ni los atienda.

El Gobierno, por su parte, arma un aparatoso escenario de amedrentamiento y ataque contra él, que va desde el desfile de voceros oficiosos por la radio y la televisión hasta la reapertura de procesos de investigación en el Congreso. Mayor demostración de desmedida intolerancia no puede haber, en el marco de una democracia en la que desde la más alta magistratura se invoca la presencia de la oposición para luego no solo negarla sino rechazarla casi en todos sus términos.

Toledo podría exagerar números y conclusiones y equivocarse a menudo respecto de la realidad, pero tiene derecho a opinar y a que sus opiniones sean respetadas. Inclusive puede dar lugar al debate y a la polémica y ser quien marque la agenda política en algún momento, más allá o más acá de alguna eventual pretensión electorera. ¿Alguien tendría que envidiarlo por eso? Es más: está obligado, a la luz de una opinión pública cada vez mejor informada y menos ingenua, a revisar mejor sus datos, a cruzar información sobre el país y el mundo y a desempeñarse más como un estadista que como un ex gobernante que no ha olvidado su vocabulario de campaña electoral.

El Perú democrático de hoy no está para que los políticos de esta y otra vereda se agarren a gritos ni para que el ministro de Salud y el gremio médico crucen insultos y amenazas ni para que la CGTP pretenda boicotear la próxima reunión del APEC en Lima ni para que el Partido Nacionalista, con Ollanta Humala a la cabeza y con el presidente regional de Áncash, César Álvarez, como furgón de cola, quieran hacer hervir de protestas las calles y plazas del país.

Pareciera que el Perú y los peruanos no hubiéramos aprendido nada de 10 años de autoritarismo y de otras tantas décadas dictatoriales precedentes. Pareciera que quisiéramos negarnos a nosotros mismos cada día nuestro derecho a una vida más racional y civilizada.

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