Por Ángel Cappa
El río revuelto del fútbol sudamericano y los méritos propios hacen que Paraguay sea el primero en estas Eliminatorias, con justicia y hasta con cierta comodidad.
Es un equipo coherente y atrevido que respeta en todas las circunstancias. Trata de jugar lo más lejos posible de su arco y para eso plantea la lucha por la pelota en la misma salida del rival. Consigue que todos participen en esa tarea con el empeño del que sabe que ese aspecto del juego es tal vez el más importante. O sea, empieza por complicar al más pintado y por meter en un callejón sin salida a los equipos con menos cualidades técnicas.
Para Argentina y Brasil resultó un laberinto del que salieron en contadas ocasiones y no ilesos; y para los demás fue como un muro donde se estrellaron sin remedio. En esa zona Paraguay recupera muchísimos balones y el camino hacia el arco contrario le queda tan cerca que no necesita elaboración. Además, llega por afuera con dos laterales que suben frecuentemente, y cada centro genera peligro porque hay varios esperándolo (un modo de aprovechar una virtud genética: el cabezazo).
Paraguay, o mejor su técnico, es parecido al espejo donde se mira: Bielsa. Y también en los defectos. Por ejemplo, el equivocado manejo de los tiempos. Todo se hace a máxima velocidad. No hay pausas para que el toque en el medio clarifique la llegada y eso produce un desgaste innecesario, porque se choca más de lo aconsejable y siempre hay que volver a empezar. Ya sabemos que en el fútbol para ser rápido hay que saber frenar.
Ante el poquísimo fútbol que ofrecen Brasil y Argentina, Paraguay aparece como el mejor hasta el momento. Los dos grandes sobreviven por las ocurrencias de sus talentos individuales, ya que ninguno de los dos encontró el fútbol colectivo que de ellos se supone o espera.
Los demás corren parejo con sus altibajos, salvo Venezuela, que parece haber perdido el encanto, y Bolivia, que solo confía en la altura para ir tirando. El Perú, desde mi punto de vista, renovó el plantel y buscó el punto de partida ideal: el compromiso con la causa. La presencia de varios jóvenes, hace que el objetivo vaya un poco más lejos que la inmediatez. Da la impresión de que por fin se empieza algo, lo cual es alentador.