CONDUCTAS. Un dictador en casa
Por Carmen Escobar
Fernandito tiene 4 años y, desarrollando una paciente estrategia, ha logrado el control absoluto de su hogar. Y eso se nota desde el momento en que uno cruza la puerta de su casa, que más parece un jardín de infancia que el hogar de una familia: los juguetes se encuentran en cada rincón de esta y avanzar encima de estos es como tratar de andar por un campo minado. Además, las paredes (todas) están pintarrajeadas, como si se tratara de una exposición permanente del arte de Fernandito. Si alguien se atreve a encender el televisor sin autorización del niño, solo podrá ver dibujos animados o las películas que él elija. Si sus padres van de compras, deben traer los juguitos que a su hijo le gustan. Solo esos, pues de lo contrario el pequeño se rehusará a tomarlos o llevarlos en su lonchera. Si se le dice que no, los gritos que salen de su aún minúscula boca hacen que sus vecinos, el matrimonio joven que vive al lado, se miren y piensen en no tener hijos, al menos no como Fernandito.
Como dirigiéndose a esa temerosa pareja, el psicólogo Daniel Dreifuss dice que no todos los niños ostentan este comportamiento, que no es natural o propio de una etapa de su desarrollo y que existen factores que condicionan que nuestro hijo se convierta en un tirano en casa.
A ojos de la psicóloga Carmen Rosa Zelaya, el niño dictador desarrolla una personalidad narcisista relacionada con sus padres. "Por lo general revela una limitación de sus padres en sus funciones maternas y paternas, dificultades para contener con compromiso desde un inicio las angustias naturales de su hijo y enseñarle afectuosa y consideradamente a tolerar la espera y respetar los límites sin caer en estados de mayor angustia que sobrepasen sus posibilidades de control", señala la especialista.
MALDITA CULPA MÍA
Un factor que predispone a contar con diablitos en casa es el sentimiento de culpa que corroe a padres que deben ausentarse por muchas horas del hogar debido al trabajo. Muchos creen que el poco tiempo que comparten con sus hijos durante la semana no debería 'desaprovecharse'" reprimiendo a su pequeño. Peligro. Si le da pena decirle que no a su hijo o ponerle límites, no solo estará criando a un pequeño tirano, sino que, además, creará una estructura familiar en la que los roles no están claros. Los hijos adquieren responsabilidades que deberían asumir los padres y viceversa. "No hay orden, y esta situación alimenta al niño a hacer lo que quiera", dice el doctor Dreifuss.
Otro factor --detalla la psicóloga Ana María Barrantes-- es que por lo general estos niños quedan bajo el cuidado de nanas o abuelos que, en algunos casos, terminan haciendo lo que el niño les pide para evitarle una frustración; sin embargo --apunta la especialista--, esta resulta importante para el desarrollo del niño.
NO ES FÁCIL
Hay quienes creen que esta situación le resulta placentera al niño, pero nada más lejos de la realidad. Como dice la psicóloga Ana María Barrantes, llega un momento en que esto puede aterrorizar al niño, cuando se da cuenta de que no todo el mundo gira a su alrededor. Se puede incluso llegar a cuestionar quién lo va a cuidar si sus padres ya no tienen autoridad sobre él.
No confunda este comportamiento con la natural etapa que pasa todo niño alrededor de los 2 años y que está marcada por una búsqueda de autonomía. Una cosa es la exploración de sus alcances personales y otra sentir que tienen el control absoluto de la casa, de sus padres y del entorno.