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EDITORIAL

Busquemos nuevas alternativas políticas

Por Enrique Bernales Ballesteros. Jurista

El Congreso atraviesa la más profunda de sus crisis y surgen propuestas, muchas de ellas recurrentes, que van desde el voto facultativo a la reforma de la ley de partidos; de la renovación por tercios a la revocatoria.

Lo que nadie entiende es que esta crisis no puede concebirse como un asunto de coyuntura. No son los escándalos de este Congreso los que nos llevan a hablar de crisis.

El tema es mucho más complejo. Lo que viene ocurriendo es que el Congreso ha tocado piso, luego de muchos años de caída libre. Y es que, finalmente, se ha roto el vínculo entre representantes y ciudadanos. Estos le han retirado credibilidad y confianza.

Muchos son los factores: el desgaste de los actores políticos, la manipulación grosera que sufrió el Parlamento durante el fujimorato, la pérdida de oportunidades de reforma (como la que impulsó Henry Pease hace unos años), la sumatoria de escándalos y la autopercepción de algunos congresistas que asumen que, antes que el Perú, está el interés del bolsillo. Se ha dejado de lado la oportunidad de reformas importantes porque mirar el ombligo era más importante que abarcar el largo plazo.

Es probable que de cerrase hoy el Congreso, a la mayoría de ciudadanos no le importaría e, incluso, muchos aplaudirían. Eso está mal, obviamente, y no debe ocurrir, pero la brecha es tan profunda que actualmente el Congreso ya no representa a nadie, ni siquiera a los partidos, que si son no están y si están, no son.

¿Qué hacer entonces? Hay opciones teóricas muy valiosas, pero insuficientes.

Se puede proponer la renovación por tercios, la revocatoria y otros mecanismos, pero ¿quién va a hacer esas reformas? ¿Este Congreso?

No es sensato olvidar que este Parlamento en la legislatura precedente aseguró que haría las reformas y hasta ahora nada. ¿Qué esperan? ¿Que ciudadanos indignados rodeen el local y no los dejen salir hasta que trabajen en las reformas institucionales?

Puesto que la principal reserva de libertades radica en el ciudadano, que sea este el que sancione a la actual representación, dando cabida a nuevas fuerzas políticas, oxigenando el espacio político y dando oportunidad a partidos que pueden exhibir mejores cuadros, contenidos programáticos y seriedad. Esa es la renovación más rentable.

En los momentos de graves crisis históricas, siempre surgieron nuevas alternativas. De esa búsqueda germinaron Manuel Pardo y el civilismo, Piérola y las montoneras, Haya de la Torre y el Apra en 1930, Bustamante y Rivero y el Frente Democrático, Fernando Belaunde y la simiente de Acción Popular en 1956, Toledo y los cuatro suyos como opción contra la dictadura de Fujimori.

En todos estos casos, la política resurgió de amplios frentes sociales que dijeron: ¡Basta!

Las circunstancias para que se produzca ese fenómeno, se están dando. La renovación del Congreso no debe ser el efecto de una ley, sino la aparición de nuevas fuerzas políticas protagónicas en el 2011.

Hay nombres y liderazgos nuevos a tener en cuenta, y seguramente irán asomando otras organizaciones y propuestas. Opciones hay, y su misión será aportar a una recomposición decente y digna del Parlamento, para que este reconstruya su cordón orgánico con la ciudadanía.

Pero, eso sí, al margen de la necesidad de reconfigurar el escenario político, a este Congreso hay que exigirle, sí o sí, las reformas parlamentarias y electorales a las que se ha comprometido. No deben culminar su mandato ni irse a sus casas sin antes aprobar esas reformas.

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