ESPAÑA. "Mi familia y yo teníamos planeadas las vacaciones perfectas en París para Navidad y Año Nuevo. Primero hicimos una parada en Madrid para visitar a nuestra hija. Estando allá, nos dimos una vida de reyes, por ejemplo, me encantó probar lo mejor de la comida mediterránea. Lamentablemente, mi esposo se sintió indispuesto y su problema de salud se prolongó hasta después de Año Nuevo, por lo que nos perdimos el viaje a Francia. Lo anecdótico fue que nunca habíamos pasado un Año Nuevo completamente solos. Por eso, cuando se reestableció, hicimos un tour especial y nos quedamos en España. Viajamos a Toledo, porque solo yo conocía esa hermosa ciudad. Fue muy bonito porque estábamos en plenos preparativos de la boda de mi hija y ella se moría por una mantilla de puntos. Toda la familia se involucró sin querer, ya que recorrimos calles y plazas para encontrar la dichosa mantilla. Pero no fue ningún sacrificio porque íbamos conociendo todo el lugar, sus calles preciosas, sus bajadas e infinidad de recovecos que solo una ciudad como Toledo tiene. Justamente ese fue el mayor atractivo, al menos para mí, de esa ciudad: encontrar algo tan deseado".