Por Elkin Sotelo C.
Ahora para Alianza no se trata solo de ganar. La imagen fue clarita anoche: ante los primeros indicios de las tribunas de querer gritar ole, Páez mandó a callar a todo el estadio. No es que sea un aguafiestas el venezolano, pero, como a muchos, no le gustó que su equipo acabara disipado en los últimos minutos y perdiendo la concentración contra un equipo con el que nunca nadie se puede dormir.
Una vieja regla del fútbol que perdura en el tiempo a pesar de los sistemas, esquemas y rigor físico, volvió a hacerse presente para dignificar la esencia de este deporte y abofetear la modernidad: "El que hace gol, gana".
El partido estaba amarradazo y durante el primer tiempo nadie se había acercado con peligro a los arcos de Libman y Bazán. El primero que cometiese un error se iba a casa con cero puntos. Por Alianza, Aldo Corzo ratificó sus anteriores buenas presentaciones y en la marca anduvo certero. El 'Salvaje' Martínez prefirió no complicarse con Piero Alva y despejó sin dudas cuando este quiso aproximarse. Algunos de los buenos avances de Quinteros y Montaño se perdieron en los pies del impreciso Faiffer y Bazán pudo respirar tranquilo.
Julio César Uribe alineó a Juan Carlos Mariño como hombre libre para hacer fútbol y a William Chiroque por la izquierda para que --supuestamente-- se dé el banquete con el juvenil Corzo, pero resultó al revés. Corzo le ganó toda la noche y se dio ánimo para sumarse al ataque. Por él vino el penal que Manuel Marengo le cometió a Montaño en el segundo tiempo y que significó la caída de los rojos. El colombiano que ya no se deja meter patadas sin venganza tomó la pelota y anotó el penal a los 55'.
El partido no cambió mucho y ambos equipos fueron parejos hasta que llegó un nuevo error: Carlos Solís no pudo dominar un balón sencillo en sus pies que se le escurrió y lo tomó Wilmer Aguirre por la banda derecha. El 'Zorrito' hizo 4 segundos en 50 metros con la pelota en los pies y al estar frente a Bazán lo fusiló.
Alianza en defensa no cometió esos errores, pero a Richard Páez le entró la calentura por un evidente bajón en ambición de algunos jugadores --y del mismo público-- sobre el final. Perdían peligrosos pases en mitad de la cancha, fueron pillados adelantados casi una decena de veces y no aumentaron el marcador por una inexplicable desidia. Por eso acabó molesto el doctor. Es entendible, ya no piensa tanto en la baja (ya está más cómodo de ese nudo), ahora mira más a los primeros puestos. Si les cura la cabeza a los íntimos en ambición, se va para arriba.