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Encuestas para ser tomadas con finas pinzas

Por: Juan Paredes Castro |

Como la política peruana tiende a ser más electoral que institucional, la tentación por medir hoy sensaciones y percepciones que tengan que ver con el 2011 resulta un juego de azar interesante e inevitable.

Los partidos y sus liderazgos viven y se retroalimentan de sus ciclos electorales. El ejercicio del poder y la vida de oposición, por lo mismo que se mueven en medio de una patética crisis de representación y de desconfianza pública, los lleva a mirar la próxima contienda electoral antes que sus responsabilidades presentes.

Claro que las responsabilidades presentes de una vida partidaria activa, dinámica y representativa no son fáciles. Aquí nadie quiere hacer el esfuerzo por un encuentro razonablemente aceptable. Desde el lado de los propios partidos, para conseguir fondos de sostenimiento suficientemente transparentes que les evite facturas incómodas a futuro. Y desde el lado del Estado, para la asignación de recursos que les permita a las organizaciones políticas siquiera un mínimo rango de sobrevivencia cívica y de conexión con sus militantes y votantes.

Lo más grave es que los partidos en el poder presidencial y parlamentario y aquellos en el llano hacen muy poco por fortalecer la estructura institucional política.

Las grandes sorpresas de las últimas encuestas no tienen tanto que ver con la aprobación hacia arriba de Lourdes Flores pese a su relativo perfil bajo ni con el despertar de Alejandro Toledo en el interior andino, codeándose con Ollanta Humala y Keiko Fujimori, ni con el hecho de que el líder del Partido Nacionalista sea más una alternativa de protesta que una alternativa de gobierno.

Las grandes sorpresas van precisamente por esto último: que los liderazgos están demasiados volcados a forjar caudillismos electorales antes que alternativas de gobierno. De ahí que Humala pasa, de estar puntero en la intención de voto rural nacional de primera vuelta, a perder en todas las opciones de segunda vuelta, frente a sus eventuales contendores.

Lo otro es que todos parten en una carrera sin contenido, en la que no sabemos si Keiko Fujimori encarna una opción democrática o autoritaria; si Humala se parecerá cada vez más a Hugo Chávez o a Evo Morales o si se distanciará de ambos; si Luis Castañeda le seguirá a la cuerda presidencial o estará pensando más en la reelección municipal; y si Lourdes Flores querrá dar un salto de 180 grados desde su propio partido, el PPC, para volver a tentar la presidencia.

En suma, la gran sorpresa es que quienes están en el partidor, de izquierda a derecha, no tienen hoy nada nuevo que ofrecer respecto del 2011, excepto unas cuantas cifras en las encuestas que debemos tomar con finas pinzas.

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