Por Guillermo Oshiro. Periodista
Mientras seguimos dudando de la legitimidad de sus 34 años, Carlos Flores parece haber rejuvenecido. Ya no hace paredes con los escándalos, como lo hacía el díscolo 'Kukín', ahora corre a paso de purasangre y su talento no se esfuma antes de los 90 minutos. Lo más increíble es que ha logrado jugar toda la temporada sin permitirse licencias, un milagro que varios pretenden consumar con su vuelta a la selección.
Con el cuento de que no ha nacido en estas tierras jugador con tremendo talento natural (así dicen varios), 'Kukín' siempre llevará el cartel de genio incomprendido, excusa perfecta para explicar sus dos partidos con la blanquirroja, sus tres encuentros en Arabia, los 30 minutos con la camiseta del Paranaense o los 10 que le duró su aventura en Belgrano.
Flores jamás ha sido constante, ha sido siempre una estrella fugaz que hoy pretende apagar la luz intermitente para encender una que alumbre siempre, y eso se aplaude. Aunque el 'Kukín' de hoy desee enterrar al 'Kukín' de ayer, lo suyo debería ser una reivindicación personal más que un pedido de selección. No le alborotemos 'la azotea', por favor.